27 de marzo de 2025 - 21:46

Inaugura en Mendoza una muestra con algunas de las mejores fotos del deporte argentino de la historia

Ricardo Alfieri, hijo del autor de la famosísima foto conocida como El abrazo del alma y de numerosas otras que registran parte de la historia de nuestro deporte, inaugura este viernes 28 de marzo una exposición en el Espacio de Fotografía Máximo Arias. En esta entrevista cuenta los pormenores de su oficio y relata algunas anécdotas de cuando fue fotógrafo personal de Diego Armando Maradona.

“Concentración y reflejos rápidos” contesta Ricardo Alfieri a la hora de resumir lo que necesita un fotógrafo para obtener las mejores imágenes, en especial en el ámbito del periodismo gráfico deportivo.

Ricardo es el eslabón del medio de tres generaciones de reporteros gráficos. Ricardo Alfieri padre fue el autor de la impactante “El abrazo del alma”, foto histórica si las hay. Mientras que Ricardo Alfieri hijo también tiene en su haber algunas de las mejores imágenes deportivas de los últimos 50 años. Mauro, por su parte, es el Alfieri más chico y el que continua los pasos de su padre y abuelo.

Desde este viernes 28 de marzo de 2025, a las 20, la obra de los tres podrá verse en el Espacio de Fotografía Máximo Arias (Paseo Jorge Contreras 1250, Parque San Martín, Ciudad).

La megamuestra, que incluye cerca de 900 fotografías, la mayoría ensambladas en formato de video se llama ADN Alfieri y estará acompañada de una segunda exposición, titulada Instante justo: miradas mendocinas sobre el deporte, la cual también exhibirá las mejores imágenes de los reporteros gráficos de ARGRA Mendoza.

El sábado, de 10 a 12, habrá una charla en la que estarán Ricardo y Mauro Alfieri y los fotógrafos deportivos mendocinos de ARGRA, la cual será moderada por el periodista Juan Suraci. La entrada es gratuita en ambas actividades.

Para conocer detalles de este acontecimiento fotográfico, Los Andes charló con el segundo Ricardo de la dinastía Alfieri, quien no sólo dio precisiones sobre esta muestra, sino que regaló varios momentos memorables de su trayectoria de 49 años como reportero gráfico.

Mauro y Ricardo Alfieri
Mauro Alfieri es nieto, Ricardo Alfieri es el hijo, de la dinastía de fotógrafos Alfieri. Aquí, en el Mundial de Fútbol 2006.

Mauro Alfieri es nieto, Ricardo Alfieri es el hijo, de la dinastía de fotógrafos Alfieri. Aquí, en el Mundial de Fútbol 2006.

—¿Qué busca un fotógrafo de deportes cuando entra a la cancha?

—Yo creo que para ser un fotógrafo deportivo tenés que tener unas ciertas cualidades, que yo aprendí de mi padre. Por ejemplo, la concentración. No estar distraído y tener los reflejos rápidos, en especial para un deporte tan dinámico como el fútbol

—¿De chico ibas con tu viejo a los partidos?

—Sí, sí, de entrada. Mi papá se retiró en el 78, poco después de esa foto de “El abrazo del alma”. Y empezó en el año 42, trabajando como fotógrafo de El Gráfico. Y yo entré en el 70. Quiere decir que trabajamos juntos prácticamente ocho años. Entonces, eso fue como una educación. Él me decía: “No hablés, no te distraigás”. Estar atento es muy importante y también la experiencia. Cuando entrás a un campo de juego están las tribunas, la hinchada, hay toda una emoción que tenés que saber dominar. Sí, concentración, porque en definitiva nosotros vamos a cumplir una misión que es tratar de sacar la mejor foto, el gol, todo lo que un medio periodístico necesita.

Ídolos de Boca en 1977, fotografía de Ricardo Alfieri padre
El Chapa Suñé, el Loco Gatti y Pancho Sá, jugadores del glorioso equipo de Boca Juniors que obtuvo la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental.

El Chapa Suñé, el Loco Gatti y Pancho Sá, jugadores del glorioso equipo de Boca Juniors que obtuvo la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental.

—¿Y pasó lo mismo con tu hijo?

—A Mauro lo tomaron en el diario La Nación en el año 2000. Es decir, que en el 99 empezó a venir conmigo. Yo ya trabajaba también en Clarín, para el suplemento deportivo de Clarín y Olé. Empezó a gustarle la fotografía y a agarrar la gimnasia de esto.

—¿Cambió la manera de hacer fotografía deportiva en tantos años?

—Nosotros hicimos el proceso de la escuela antigua de la fotografía. Hay que saber manejar la cámara en forma manual, hacer el foco en forma manual, medir la luz para que esté bien expuesta en la foto. Nosotros aprendimos con la fotografía de base. Cuando empecé en la editorial Atlántida, antes de que me tomaran como fotógrafo, estuve siete meses trabajando en el laboratorio. Era como hacer la “Harvard de la fotografía”. Porque ese proceso, te digo, el de laboratorio, era fantástico. Es un arte, una cosa artística. Es una emoción cuando ves la foto que intentaste sacar y está reflejada en el papel. Hoy en día un tipo saca una foto, salió mal y la borra. Es decir, no hay un registro de dónde estaba la falla tuya como fotógrafo. Y entonces así es difícil mejorar.

—¿Cómo es la muestra?

—Se armó una serie de fotos impresas, habrá unas 14, 15 fotos que es una la secuencia de “El abrazo del alma”. Decidimos hacer la muestra en tres ambientes. Proyecciones de fotos en video con musicalización y muy dinámico. Y en una sala va todo lo material fotográfico blanco y negro de los deportistas históricos que tuvimos en Argentina. Después en otra sala va a ir una serie con Maradona y Messi. Y después también vamos a meter ídolos a nivel internacional. La idea es recorrer todo el país con esta muestra fotográfica. Y acá en Mendoza va a ser el lanzamiento.

Diego Armando Maradona en Argentinos Juniors, foto de Ricardo Alfieri (padre)
Icónica fotografía del ídolo, autoría de Ricardo Alfieri (el mismo de El abrazo del alma).

Icónica fotografía del ídolo, autoría de Ricardo Alfieri (el mismo de El abrazo del alma).

La vida junto a Maradona

—¿Fuiste por 10 años fotógrafo de Maradona?

—Lo conocí cuando debutó en Argentinos Juniors y agarré onda con él a nivel personal. Yo iba a su casa cuando nacieron las hijas; llegué a tener una familiaridad muy grande. Era el fotógrafo de los cumpleaños de las nenas y le hacía los álbumes de fotografía. Después cuando empezó con las conductas variantes que tuvo, nos fuimos distanciando.

—Supongo que tendrás alguna de esas anécdotas bien maradonianas…

—Varias. Una de las más increíbles, que la suele contar Cherquis Bialo, fue cuando salió campeón Nápoli, en el 87. Fuimos a comer con Cherquis y otros argentinos a la casa de don Beppo, el capomafia de la camorra napolitana. Aunque de eso nos enteramos al final. Fuimos a la cancha con Diego, y él me dice: “Hoy no se comprometan, que a la noche tenemos un asado”. Yo le dije que después del partido tenía que revelar el material, elegir 10 o 15 fotos y esperar a que las enviaran en exclusiva para El Gráfico. Entonces él habla por teléfono con un tipo y me ponen a dos custodios, dos tipos enormes con traje. Y Maradona me dice: “Cuando terminés, te van a llevar adonde estoy yo”. Se acaba el partido y tardé como una hora y media en mandar las fotos. Salimos de ahí y agarramos una ruta desolada, no había nadie, hasta que llegamos a un castillo enorme, estilo romano, en medio del campo. Arriba había dos francotiradores apuntando hacia el portón de entrada. Llegamos y uno de los tipos baja del auto, golpea la puerta y, para mi total sorpresa, sale a atender don Diego, el papá de Diego, que era el que estaba haciendo el asado. Había una mesa como para 30 personas. Las copas y los cubiertos eran de plata. Estábamos don Diego, Lalo, Hugo, Claudia, Cherquis Bialo, Coppola y yo. Don Beppo era el capo mafia, que manejaba toda la droga y la joda grande, y se había comprometido con Diego a ofrecerle esa cena. Cuando quise sacar una foto de esa reunión, me agarraron dos tipos y me sacaron la máquina, un poco como pasa en la película El Padrino. Sólo podía sacarle fotos a Maradona, pero no al castillo y menos a Don Beppo.

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