La casa de campo de Maru Botana funciona como uno de los refugios familiares más personales de la cocinera. Allí suele instalarse junto a su marido, Bernardo Solá, y sus hijos cuando la agenda lo permite. A diferencia de una casa diseñada para exhibir tendencias, el interior conserva muebles antiguos, recuerdos familiares y una decoración unica.
La propiedad está vinculada desde hace años con la rutina de Solá, que trabaja en el campo y viaja con frecuencia. Botana contó en distintas oportunidades que ese lugar terminó convirtiéndose en un punto de encuentro para la familia y una pausa frente al ritmo de Buenos Aires. Las imágenes que compartió muestran ambientes amplios, pero sin una búsqueda de lujo ostentoso.
Muebles de madera y piezas que remiten a la década de 1920
Uno de los detalles más llamativos está en el mobiliario. En los ambientes aparecen muebles de madera maciza y piezas de estilo antiguo, entre ellas un gran armario que remite a los diseños utilizados alrededor de 1920. En lugar de reemplazarlo por equipamiento contemporáneo, la familia lo incorporó como parte del carácter del lugar.
La paleta acompaña esa elección. Las paredes se mueven entre beige y amarillos envejecidos, mientras que el piso oscuro refuerza la sensación de casa de campo tradicional. También hay cuadros y fotografías familiares que suman memoria al interior, un recurso que vuelve a los ambientes menos impersonales que una decoración armada desde cero.
Una decoración rústica que prioriza el uso cotidiano
La estética general se apoya en la madera, los textiles simples y los objetos acumulados con el tiempo. No hay una sobrecarga de adornos ni una búsqueda de simetría perfecta. El resultado es un interior rústico, funcional y preparado para una familia numerosa, con espacios donde las reuniones y las comidas compartidas tienen más peso que la formalidad.
Ese espíritu también se traslada a la vida diaria. En la chacra, la familia pasa tiempo al aire libre, realiza cabalgatas, arma fogones y organiza almuerzos sin la estructura de una casa urbana. El campo aparece como parte de la dinámica familiar y no solo como escenario, algo que Botana suele destacar cuando muestra el lugar en sus redes.
La pileta, rodeada de árboles y pensada como punto de encuentro
Imágenes compartidas en redes sociales.
En el exterior, la pileta se vuelve uno de los sectores principales durante el verano. Está rodeada por árboles, arbustos y una gran superficie verde, una disposición que la integra al paisaje en lugar de aislarla con una estructura rígida. Para una familia numerosa, funciona como centro de las tardes de calor y de los momentos de descanso.
Alrededor se despliega el resto de la vida de campo: bicicletas, caballos, asados y recorridos por el predio. La combinación entre interiores con historia y un exterior abierto explica la identidad de la propiedad, que se siente menos como una casa de revista y más como un refugio usado de verdad.