En 1974, un cuarteto sueco disfrazado de lentejuelas y plataformas hizo estallar Europa desde Brighton con una canción llamada "Waterloo". Fue el golpe maestro que transformó a ABBA en un fenómeno mundial, de esos que sobreviven el paso de las décadas. El mundo los conoció en Eurovisión, pero lo que siguió fue una seguidilla imbatible de himnos pop: "Dancing Queen", "Mamma Mia", "Super Trouper", y la lista sería interminable. Todos los escuchamos, todos los cantamos. Y aunque en 1983 pusieron punto final a la banda, el mito siguió sonando —y vendiendo— como si el tiempo no pasara.
Ese delirio, que volvió a tomar forma en 2021 con un sorpresivo regreso discográfico, también tiene su correlato local y sinfónico. Después de llenar la Nave UNCuyo en 2023 con una ovación, la Orquesta Sinfónica de la UNCUYO vuelve a revivir "ABBA sinfónico-coral", esta vez junto al Coro de Jóvenes de la universidad, en un viaje a través del repertorio más icónico del grupo. Dirige el maestro chileno Pablo Carrasco y la batuta promete un brillo digno de los vestidos de Agnetha y Anni-Frid.
Esta segunda edición de "ABBA sinfónico-coral", que tendrá lugar este jueves 29 y mañana viernes 30 de mayo a las 20.30 en la Sala Roja de la Nave UNCuyo, viene con expectativas: ambas fechas se encuentran desde hace días agotadas. Y atención: el ingreso estará habilitado media hora antes del comienzo y una vez arrancado el concierto, no se permitirá el acceso a la sala.
El show combina arreglos orquestales, explosión coral y dos voces protagonistas que vienen desde la lírica, como Marianela Martin y Mariel Santos. La dirección coral estará nuevamente a cargo de Ángela Burgoa, que comanda al Coro de Jóvenes.
Los arreglos también tienen calidad asegurada. Fueron escritor por reconocidos músicos locales como Adriana Figueroa, Mario Galván y Leandro Riolobo, fogueados en el arte de la composición. ¿El resultado? Un setlist que sacude la nostalgia y actualiza el legado con elegancia sinfónica: "Dancing Queen" (Figueroa), "Mamma Mia" (Galván), "Take a Chance on Me" (Riolobo), "Super Trouper" (Figueroa), "I Have a Dream / Thank You for the Music" (Figueroa), "The Winner Takes it All" (Riolobo), "Money, Money, Money" (Riolobo), "SOS" (Figueroa), "Chiquitita" (Galván), "Lay All Your Love on Me" (Galván), "Voulez-Vous" (Riolobo), "Gimme! Gimme! Gimme!" ("A Man After Midnight") (Riolobo).
El pop que no perdió vigencia
Desde su irrupción mundial con “Waterloo” en Eurovisión 1974, ABBA encontró una fórmula singular: pop irresistible, sofisticado en su producción, con melodías inolvidables y letras que se situaban entre la alegría y lo melancólico. Agnetha Fältskog, Björn Ulvaeus, Benny Andersson y Anni-Frid Lyngstad supieron condensar la sensibilidad escandinava en un sonido universal.
Durante la segunda mitad de los años 70, sus canciones dominaron los rankings y sus videos, y ayudaron a cimentar el concepto de videoclip antes de que MTV existiera. Pero si algo distingue a ABBA es que, a pesar de haber disuelto la banda en 1982, nunca desaparecieron de los oídos de la gente.
La vigencia de ABBA no solo se debe a la nostalgia o al revival de los años setenta. Su influencia ha trascendido géneros y generaciones. La prueba más contundente llegó en los 2000 con el musical "Mamma Mia!" (y sus exitosas adaptaciones cinematográficas), que introdujo su música a nuevas audiencias y la resignificó en clave narrativa.
Más recientemente, en 2021, el grupo sorprendió al mundo con "Voyage", su primer disco de estudio en 40 años, acompañado por un espectáculo de avatares digitales en Londres, que combinaba tecnología de captura de movimiento con inteligencia artificial. El proyecto recibió elogios no solo por la calidad de las nuevas composiciones, sino también por el innovador uso del formato escénico. ABBA ya no es solo un ícono del pasado: es también una vanguardia del futuro del espectáculo.
¿Pero qué significa estar vigente? En el caso de ABBA, no se trata solo de sonar en Spotify o en challenges TikTok. Su vigencia es emocional. Cada vez que suena “Gimme! Gimme! Gimme!” en un casamiento, que alguien canta “Chiquitita” en un karaoke, o que una orquesta como la OSUNCuyo decide rendirle tributo, algo se confirma: la música de ABBA sigue tocando las fibras profundas de nuestro corazón.