Por una sociedad menos mediocre

Soy una convencida de que las personas que enamoran son las que tienen e irradian luz propia, y que esa es la belleza que tiene verdadero valor.

No sé si mi naturaleza romántica me lleva a vivir en un país de ensueños paralelo al que los demás habitan, pero estoy convencida que, en mi territorio, las personas que enamoran son las que tienen e irradian luz propia, y que esa es la belleza que tiene verdadero valor.

Mi profesión me llevó a rodearme de cuerpos esculpidos mirándose constantemente a grandes espejos de gimnasios, que en su elevada grandeza sólo mostraban la pequeñez de personas que estaban más pendientes de publicar en sus redes, postales de sus exagerados músculos, que de enriquecer o enriquecerse, con charlas productivas que alimenten su interior.

Leo constantes críticas acerca de cómo los jóvenes están transformando esta nueva sociedad en ese espejo de superficialidad.

Resultaría muy bueno que los mayores pudiéramos ejercer nuestro aporte, educando conscientemente a nuestros hijos, sobrinos, alumnos, etc., sobre la importancia de este menester. Quizás así, sembraríamos una sociedad menos mediocre, más culta, y hasta con menos bullying y suicidios de adolescentes.

* Myriam Galisteo. Profesora de gimnasia aeróbica.

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