11 de agosto de 2025 - 00:00

¿Por qué subiría el Aconcagua?

No puedo decir porque subí el Aconcagua; fui y he quedado marcado de por vida, y quizás sea la marca más bella que logre jamás.

¿Por qué subiría el Aconcagua?

En 1985 subí el Aconcagua por su ruta Norte. Decir por qué ascender el Aconcagua después de haberlo hecho, es hacer trampa.

Compartir las vivencias con la roca, el hielo; el frío gélido de sus mañanas y el calor amable del mediodía. El viento que hace trizas las voluntades más férreas; la calma que congela la gota en el agudo extremo de una estalactita. El bullicio de la aldea cosmopolita y la soledad lacerante de sentimientos.

La luminosidad azul del cielo, rojo al atardecer y terciopelo negro en la noche con miles de diamantes en exhibición como escaparate de joyería galáctica.

No puedo decir porque iría; fui y he quedado marcado de por vida, y quizás sea la marca más bella que logre jamás.

Probablemente pueda decir por qué volvería, y confesaría un delito: siempre se vuelve al lugar del crimen; horadar con nuestros pies terrenales su cumbre celestial, lo es.

* Alfredo Dante Mémoli. Montañero-Club Andinista Mendoza.

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