La robótica y los problemas de la vida

También está, a la par, la carencia de lo que ha sido llamado inteligencia emocional. La más humana de todas. Como la IA parece ser una copiona me temo que en este punto ayuda mal.

Escribo a Los Andes para agradecer la publicación de la nota de Antonio Las Heras, extremadamente valiosa y esclarecedora (6-7-26). Me quedo esperando una ampliación con lo relativo a la robótica, de la que sé poco y espero mucho: no de la versión humanoide, como de juguete, que vemos habitualmente y que produce más temor e inquietud que diversión. Nuevos monstruitos.

Desearía que esos desarrollos sirvan a temas esenciales como la higiene de hospitales, la atención de pacientes que requieren un gran esfuerzo físico de los enfermeros, etc. etc.

Esto escribía cuando el martes 7 de julio aparece la nota sobre los cuidadores.

Por cierto, puede llegar a ser el campo más extenso de aplicación de la robótica para, igual que en el hospital, ayudar al ser humano en las tareas más duras.

Lo mismo que para los cuidadores profesionales, un área de trabajo muy requerida y que también necesita apoyo para enfrentar situaciones delicadas y a menudo enojosas.

En esta área falta la relación de afecto que obra como suavizante de la áspera tarea, que por cierto siempre existió y es la esencia de la familia.

Aquí, se me ocurre que hay otro hecho a tener en cuenta. Las personas ancianas representan el triunfo de la raza humana -son de fierro, diríamos-

Por lo tanto, generalmente también los son sus hijas e hijos. Y esto es algo para enorgullecerse.

Lo que altera, el orden de la vida es la inversión de los roles. Las guerras, los accidentes de tránsito, la enfermedad, afectando a jóvenes y niños.

La vida siempre tuvo sus problemas, pero este presente que hace de sus conquistas científicas y técnicas instrumentos de dominación debe responder.

Fallas de la inteligencia, también.

Recuerdo que hace unos años leí un artículo donde su autor señalaba que los maestros de escuela estaban atrasados porque no se valían de la IA.

Sabemos que la primera dificultad está en el habla: dicción y lenguaje que permiten el aprendizaje que va de lo básico (bases) a lo complejo.

Recordé cuando en mi lejana infancia mis hermanos mayores se reían de un comentarista radial que -fascinado por los avances científicos- dijo: “la penicilina no debe faltar en ningún hogar”. Histórico.

También está, a la par, la carencia de lo que ha sido llamado inteligencia emocional. La más humana de todas.

Como la IA parece ser una copiona me temo que en este punto ayuda mal.

* Rosa T. Guaycochea. Docente universitaria jubilada.

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