13 de abril de 2026 - 00:00

La alegría de recibir un título a los 65

He recibido el título de Licenciada en Antropología en la Universidad de Córdoba, habiendo cumplido 65 años. La presente carta es para recordar mi paso por Mendoza donde viví, siendo aún muy joven, tres felices años en la década del 80.

A pedido del diario Los Andes de Mendoza, quería contar mi paso por esa provincia entre los años 1981 y 1983. El matutino mendocino se interesó por mí tras leer una nota publicada por La Voz del Interior, a propósito de haberme recibido de Licenciada en Antropología en la Universidad Nacional de Córdoba a los 65 años, luego de haber criado a cinco hijos.

Llegué a Mendoza recién casada, con 21 años. Era un lugar completamente nuevo para mí. Mi marido, militar, pasaba largas temporadas fuera por su trabajo, y yo aprendía a moverme sola en una ciudad que poco a poco fue dejándome recuerdos muy nítidos.

Vivíamos en el centro, sobre la avenida San Martín. Allí nacieron nuestros dos primeros hijos, los mayores de los cinco que tuvimos después. Mendoza quedó asociada para siempre a ese comienzo de nuestra vida familiar.

Me fascinaban las acequias, porque ese pequeño curso de agua junto a las veredas hacía que toda la ciudad se sintiera viva y distinta. También me impresionaban las arboledas que cerraban el cielo de las calles. El tranvía era otra curiosidad para mí y terminó siendo una forma de paseo: sabía que podía subir en la parada cercana a casa y bajar en el mismo lugar, ya que el recorrido siempre era el mismo.

A veces compraba las cosas de a una, sólo para tener la excusa de salir varias veces al día y conversar un rato con alguien. Así, de manera simple y cotidiana, fuimos haciendo amigos que nos acompañaron mucho durante nuestra estadía allí.

Permanecimos en Mendoza tres años. Luego llegó el traslado a Buenos Aires. Volvimos pocas veces y siempre mucho tiempo después, como suele ocurrir con los lugares que marcaron una etapa intensa de la vida. Sin embargo, Mendoza quedó ligada para nosotros a los comienzos: a la juventud, a los primeros hijos y a una ciudad que aprendí a recorrer y a querer. Tal vez por eso resulta curioso que nuestro hijo menor, nacido muchos años más tarde en Comodoro Rivadavia, sienta un cariño especial por esa provincia y vuelva a visitarla cada vez que puede.

* Alicia Sant Tochón. Licenciada en Antropología. UNCórdoba.

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