Desde Villa Allende (Córdoba), se realizó la reunión del Consejo General de la Confar, me uno a la despedida del querido hermano Ramón Gregorio, quien, a sus 91 años y 73 de vida religiosa marista, partió hacia Casa del Padre. Lo hizo en el día de María, Medianera de la gracia. Todo un signo.
Nos deja el testimonio de una vida enteramente entregada al Señor y al servicio de la educación, con una especial preferencia por los niños y jóvenes menos favorecidos. En Mendoza, lugar donde pasó la mayor parte de su vida marista, llevó adelante la fundación de dos escuelas destinadas exclusivamente a los niños pobres. Además de la Congregación, encontró gran ayuda en los exalumnos, amigos y autoridades educativas del gobierno. Por tanto, las escuelas Champagnat y Santa María de Belén son el vivo testimonio de esta entrega.
Hace algunos años comenzó a escribir la historia de la fundación de los dos establecimientos, pero esa tarea quedó inconclusa.
Su bondad, sencillez y generosidad, su amor a Jesús y María, su preocupación por los niños y familias de sus escuelas, su búsqueda constante de la calidad educativa… han quedado en el recuerdo y valoración de quienes lo conocieron.
El hermano Ramón vivió para el Señor y trabajó para él, cumpliéndose en él aquellas palabras de San Pablo: “Ninguno de nosotros vive para sí, ni tampoco muere para sí. Si vivimos, vivimos para el Señor, y si morimos, morimos para el Señor: tanto en la vida como en la muerte, pertenecemos al Señor.” (Rom 14, 7).
Descansa en paz, querido hermano Ramón Gregorio. Y ahora, junto a la Buena Madre y san Marcelino, intercede por nosotros tus hermanos, por las vocaciones maristas y por las obras educativas en Cruz del Sur.
* Horacio Bustos. Provincial de la Cruz del Sur Hermanos Maristas.