31 de agosto de 2026 - 00:00

Borges, espejo de nuestra herida nacional

La obra de Borges es más argentina que el dulce de leche, habita nuestras tensiones como el cosmopolitismo de la biblioteca infinita, la cábala, la mitología y los laberintos. Leerlo no es firmar un contrato ideológico, sino acceder a una belleza estética que nos pertenece a todos. Es, paradójicamente, formar parte de los dos países que nos constituyen.

Hace años, Jorge Lanata, bautizó como grieta a la división que históricamente nos caracteriza como nación. Extremistas, alejados del aristotélico justo medio, en la Argentina dicotómica todo es discutido desde posturas irreconciliables: políticas, futbolísticas, geográficas, históricas, filosóficas, literarias. Pero la controversia se materializa en binomios propios: Rosas o Sarmiento, Maradona o Messi, Borges o Cortázar.

Deseo detenerme en Jorge Luis Borges, figura tan controvertida como fascinante. Amado por unos, odiado por otros; catalogado como reivindicador de arquetipos nacionales (el compadrito o el gaucho) o de cipayo. Incomprensible para muchos, erudito para otros.

Traspasemos la aduana ideológica, leámoslo sin etiquetas, no solo como monumento literario, sino como espejo de nuestra herida nacional.

Borges no requiere un doctorado para disfrutarlo; exige dejarse llevar por el asombro y el juego que mejor ficcionaliza, el coraje criollo y el duelo a cuchillo. En su obra, más argentina que el dulce de leche, habitan nuestras tensiones, como el cosmopolitismo de la biblioteca infinita, la cábala, la mitología y los laberintos.

Leerlo no es firmar un contrato ideológico, sino acceder a una belleza estética que nos pertenece a todos. Es, paradójicamente, formar parte de los dos países que nos constituyen.

* Lelia Musa. Docente y escritora.

LAS MAS LEIDAS