El proyecto nace de una premisa que trasciende lo meramente habitacional para adentrarse en lo antropológico. En la cultura mendocina, el asado no es solo una comida, sino un ritual que cohesiona lazos sociales. Bajo esta perspectiva, el espacio de reunión se organiza a partir de la centralidad del fuego y la mesa, configurándose como un ámbito donde el tiempo parece detenerse.
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El proyecto se plantea como una pieza que diluye los límites entre el adentro y el afuera.
La arquitectura aquí no se impone como un volumen estático, sino que se define por la forma de habitar de quienes allí se encuentran, permitiendo que la reunión sea la verdadera protagonista de la experiencia espacial.
Lógica constructiva y honestidad material
La resolución técnica del pabellón se aleja de los alardes ornamentales para abrazar una lógica constructiva directa y honesta. Atelier Industrial, el estudio fundado por Marcos Garbin, aplica aquí una filosofía que vincula las tradiciones vernáculas con la eficiencia industrial. Al utilizar sistemas simples y materiales disponibles en la región, el proceso de obra resulta eficiente y el resultado final es una estructura clara. Este enfoque permite una gran flexibilidad de uso, convirtiendo al edificio en una infraestructura mínima pero potente que se adapta a diversas necesidades sin perder su coherencia formal.
El diálogo constante entre interior y exterior
Uno de los mayores logros del pabellón es su permeabilidad. El proyecto se plantea como una pieza que diluye los límites entre el adentro y el afuera, integrando el entorno inmediato de manera fluida. En lugar de recurrir a sistemas de climatización complejos, la arquitectura utiliza recursos pasivos como la ventilación natural y la sombra estratégica para garantizar el confort térmico. Esta relación con el clima no es solo una decisión funcional, sino una declaración de principios sobre cómo la arquitectura contemporánea puede ser sensible al contexto geográfico en el que se implanta.
La luz como material de construcción
El tratamiento de la iluminación natural merece un párrafo aparte en esta propuesta. La envolvente del edificio no funciona como una barrera estanca, sino como un filtro dinámico que tamiza y distribuye la luz solar. Esta piel arquitectónica genera atmósferas cambiantes que evolucionan con el paso de las horas, logrando que el espacio no solo sea iluminado por el sol, sino que se construya a partir de él. La luz se convierte en un material más, otorgando profundidad y carácter a las superficies y subrayando la sobriedad de los materiales elegidos.
Un estudio con raíces en el territorio
Este pabellón es un reflejo fiel de la búsqueda de Atelier Industrial. Desde su creación en 2022, el estudio ha centrado su práctica en el desarrollo de proyectos donde la estructura y el clima definen la toma de decisiones. Al entender el entorno como una suma de recursos y saberes locales, el estudio propone una arquitectura que busca la economía de recursos sin sacrificar la sensibilidad. Sea en contextos urbanos o rurales, su trabajo explora el vínculo entre la contemporaneidad y las prácticas tradicionales, logrando piezas que solo se completan plenamente cuando son habitadas por las personas para quienes fueron pensadas.
Fotos: Luis Abba