Era un cascabel, pero un cascabel de alegría. Milka no era un persona que de pronto se transforma en un personaje, Milka era una persona siempre, lo que hace dar alegría, más que una postura frente al micrófono fue una manera de ser. Llegaba y contagiaba, con su risa, con sus salidas, con sus opiniones. A mí me sigue asombrando.
Durante nuestro trabajo juntos en Radio Nihuil le escribí no menos de 50 personajes distintos para que ella los cristalizara en el aire y a todos los hizo con la misma calidad, con la misma eficiencia. Una vez le pedí, insólitamente, que hiciera la voz de una hormiguita, y la hizo nomás, y ya no nos pudimos desprender de esa hormiguita Milkense.
Cuando nos iniciábamos en Radio Nihuil, allá por 1978, ella era locutora de la radio, yo la conocía de escucharla y tuve la satisfacción de que me recibiera con toda la buena onda. Un día me dijo: Pibe, a ver si me escribís un esquetch. La propuesta me encantó.
- ¿Sobre qué querés que te escriba, Milka?
- Mirá, yo puedo hacer de Bruja, de colectivera, de gallega, de Tana, de madre, de hija, de niñita, de travesti, de funcionaria pública, de piquetero…
Me quedó sonando eso de bruja, entonces escribí el primer sketch de La Lechiguana. Desde entonces Milka fue la Lechiguana y muchas veces la Lechiguana tapó el nombre de Milka, por la calle la saludaban: ¡Chau, Lechiguana! Había nacido uno de los personajes más queridos en la historia de la radiofonía de Mendoza. Si habrá sembrado sonrisas Milka con esta bruja bienhechora.
Cuando Milka se inició en la radio tenía 10 años, por entonces los guiones radiales se escribían en latín. Las mujeres que trabajaban en este medio por entonces no eran muy bien miradas, digamos que eran de esas chicas que fuman (entre otras cosas), por lo tanto era común que se colocaran un pseudónimo: ella tenía por entonces una compañera de colegio que se llamaba MIlka ( le gustó), y también la gustó un personaje que hacía Mirtha Legrand en aquellos tiempos en que recién comenzaba a desayunar. El personaje tenía de apellido Durand. Así que ahí nomás se selló su destino, se puso MIlka Durand y pasó al anonimato su nombre original: Sara Carmona.
Seguramente cuando los comunicadores venideros escriban sobre la historia de la radio en Mendoza, le dedicarán un espacio generoso a la trayectoria de esta mujer querida hasta por sus acreedores y miren que siempre tuvo varios. Nunca se hizo rica con la radio, al contrario vivió las contingencias del día a día, con lo justo, con lo que conseguía en tantas horas de micrófono. Luchadora incansable, jamás bajó los brazos, jamás se sentó en la mesa de transmisión con cara de enculada, siempre estuvo atenta a la buena tarea de sus compañeros.
Me jacto de haber su amigo y debo confesarles que aprendí sobre la radio más de ella que de las decenas de libro que me procuré. Pero si hay un aspecto que rescato de esta noble señora, es su don de gente, su solidaridad permanente, su amistad de brazos abiertos y esa alegría que derrota cualquier frustración, cualquier pena.
Ella es querida por todo el pueblo, ese monumento, aunque no esté en el bronce, es el más grande que puede pretender un ser humano. Milka, como el chocolatín, pero más dulce.