21 de agosto de 2018 - 00:00

El peligro de insistir con el uso del adobe en la construcción - Por José A. Gómez Voltan

La construcción de viviendas que emplean la tierra para el levantamiento de sus muros es tan antigua como la civilización. La razón de la sustitución de este material  por otros que poseen mejor respuesta estructural, es sencilla: durante un sismo por ejemplo, se liberan cantidades colosales de energía, la cual alcanza a la estructura que debe disiparla en deformación. Pero ¿qué sucede cuando el edificio es sobrepasado en su capacidad de disipación?: se fisura y si la acción continúa, se desploma.

A nivel mundial la construcción con tierra (adobe, tapia, quincha, etc.) se polariza en dos vertientes.

En un extremo tenemos los países desarrollados que desde una visión "new age" y bajo el paraguas de la sostenibilidad, ven en la tierra una reconciliación con la naturaleza, edifican así lujosas residencias, en las que abundan los recursos económicos, los profesionales idóneos y la mano de obra especializada.

Por otra parte, tenemos  los países subdesarrollados en los que sus gobiernos incapaces de brindar soluciones habitacionales, estimulan el uso de la tierra en la construcción de viviendas "sociales", en muchos casos llevada a cabo por autogestión de personas que sienten un genuino deseo de mejorar su casa, pero que raramente posen los recursos económicos, conocimientos y disponibilidad del tiempo necesario para producir un construcción eficiente y segura.

Los índices e indicadores del Indec ayudarán al lector a ubicar a nuestro país en cuál de estas vertientes se encuentra.

Nuestro grupo de investigación "Historia y Conservación Patrimonial" -Incihusa-Conicet- CCT Mendoza (ex Cricyt), posee un sector teórico-experimental dedicado a la evaluación, conservación y consolidación estructural de edificios históricos de la región, muchos de ellos construidos con muros de tierra.

El conocimiento teórico y práctico que hemos adquirido en más de 20 años trabajando con este tipo de técnicas y sistemas constructivos, nos permite afirmar que es un material frágil, esto es, con baja capacidad para disipar energía y que su uso en un marco de desconocimiento es peligroso.

Entonces la pregunta ¿es bueno o malo el adobe o la tapia para construir?, resulta ociosa e incorrecta. La formulación debe ser: ¿se dispone de profesionales que comprendan la respuesta mecánica que puede brindar la tapia o el adobe?, ¿se dispone de operarios que manejen con soltura estas técnicas constructivas?

La tierra empleada como material de construcción requiere de profesionales idóneos y mano de obra especializada.

Una vez, un colega me comentó que su abuelo, sin tener estudios, había construido su casa de adobe. Mi comentario fue equiparar la situación con cruzar una autopista con los ojos vendados, algunos alcanzan el logro, otros en el mejor de los casos el hospital.

El procedimiento constructivo medieval de ensayo, prueba y error, es incompatible con los desarrollos tecnológicos alcanzados en este siglo XXI.

Estas reflexiones me surgen luego que llegara a mis manos una suerte de "Reglamento de construcciones sismorresistentes de tierra mejorada", elaborado por el municipio de Luján de Cuyo.

Este proyecto da inicio con errores básicos, como denominar al material como "tierra cruda", adjetivo innecesario, pues si esta horneada será terracota, cerámico, ladrillo, etc.

Luego, continúa con la transcripción a modo de collage, de una serie de recetas constructivas tomadas de reglamentos de construcción con tierra, redactados en países desarrollados y subdesarrollados que poco tienen que ver con nuestra realidad y que considero fatigoso para el lector enumerar.

Por su gravedad, permítanme tan solo detenerme en el capítulo "Responsabilidades": en el cual paradójicamente se cae con dureza sobre los propietarios, quienes es de esperar, posean escaso nivel de conocimiento sobre el tema, y que además al morar en este tipo de edificaciones, ponen en juego su propia seguridad.

Luego, en relación a los profesionales intervinientes se asume que manejan con idoneidad el tema, cuando es sabido que ninguna casa de estudios de la región forma cabalmente a su alumnado en la construcción edilicia con tierra, menos aun en la formación técnica.

Finalmente el municipio se auto libera de responsabilidad, restringiendo al máximo su poder de policía de la construcción, deber-derecho que no tiene la potestad de omitir.

Es decir, en este proyecto de reglamento se invierte la pirámide de responsabilidades. Es el Estado quien tiene la obligación inalienable de velar por la seguridad de sus ciudadanos, aprobando sistemas y materiales de construcción,  exigiendo la capacitación fehaciente de profesionales y operarios en el tema y efectuando el contralor efectivo de los trabajos de obra.

¿Es mucho pedir para un país subdesarrollado?

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