24 de septiembre de 2015 - 00:00

El Papa elogió a los obispos pero las víctimas de abuso sexual lo criticaron

El Papa destacó ayer la actitud de los obispos estadounidenses por su “compromiso generoso” para ayudar a las víctimas de abusos sexuales por el clero, lo que provocó una airada respuesta de las organizaciones de ayuda, las que dijeron que los prelados sólo actuaron cuando se vieron amenazados por cientos de demandas judiciales.

En su discurso a los obispos en la catedral de Washington, Francisco dijo que enfrentaron la crisis “sin miedo a la autocrítica y a costa de mortificación y un gran sacrificio”. “Comprendo cuánto pesa sobre ustedes el dolor de los años recientes y he apoyado su generoso compromiso para sanar a las víctimas -con la certeza de que al sanar, nosotros mismos somos sanados- y para asegurar que esos crímenes jamás se repetirán”, dijo el Papa y recibió un fuerte aplauso.

Pero la Red de Sobrevivientes de los Abusados por Sacerdotes (SNAP por sus siglas en inglés) dijo que los obispos hicieron gala de “cobardía e indiferencia” hacia las víctimas que se presentaron y que “se ocultan detrás de abogados caros y profesionales de relaciones públicas” en lugar de afrontar la magnitud del problema en la iglesia. Anne Barrett Doyle, codirectora de BishopAccountability.org, una organización que recopila informes sobre curas abusivos de todo el mundo, calificó las declaraciones del Papa de “lamentables y muy alejadas de la realidad”.

La crisis estalló en 2002 con el caso de un cura pederasta de Boston y se extendió a todo el país. Las revelaciones en Boston de que sacerdotes culpables seguían ejerciendo el ministerio sin ser denunciados a los padres o a la policía convenció a miles de personas a presentar sus denuncias. Esto dio lugar a investigaciones judiciales en varios estados y obligó a los obispos a tomar nota de qué habían hecho las diócesis en cada caso, remontándose a décadas atrás.

Bajo una enorme presión de la opinión pública, la Conferencia de Obispos Católicos se comprometió a expulsar a los clérigos culpables del trabajo eclesiástico e incluso del sacerdocio, y los obispos aceptaron indemnizaciones multimillonarias a las víctimas.

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