Caroline y Catherine Karubin son dos hermanas canadienes que ahogaron a su mamá alcohólica en la bañera. Una vez que la mataron, idearon un plan para pasar como inocentes. Aunque eso duró poco y fueron condenadas por los propios chats que mandaban a sus amigos del colegios.
"Estaba tomando un baño y le dije que se diera la vuelta. Durante cuatro minutos. Ese es el tiempo que mantuve su cabeza abajo del agua", relató Caroline a sus 16 años, respecto a cómo mató a su mamá Anne Margaret Lebensztejn en la ciudad canadiense de Mississauga.
La noche del 11 de enero de 2003, su hermana Catherine, de 15, la ayudó a sumergirla en la bañera hasta que dejó de convulsionar. Su excusa: ambas no soportaban más el alcoholismo de su mamá.
Habían planeado el crimen hace varios meses, ya que tejieron un grueso hilo de rencor, antipatía y rabia por su madre. Las continuas borracheras de Anne provocaban que no hubiese dinero suficiente.
La única salida para acabar con este sufrimiento, aunque "sonara egoísta y horrible", era matar a su madre. "Esa fue la única cura real", explicó la mayor de las Karubin a uno de sus amigos a través de mensajes de Messenger antes de que las detuvieran.
Las adolescentes soñaban con ser las chicas más populares del instituto. Y lo lograron. Pero con un macabro juego a modo de proyecto escolar. El título elegido: "Cómo matar a tu madre".
Internet les proporcionó algunas ideas para llevar a cabo el macabro plan. Desde un disparo, a utilizar un cuchillo… Pero finalmente se decantaron por el ahogamiento. Buscaban un método "rápido y espectacular" para perpetrar el homicidio.
Las hermanas Karubin se encargaron de emborrachar a su madre. Le dieron grandes cantidades de vodka que mezclaron con seis tabletas de Tylenol 3, un analgésico para la fiebre que disminuye el latido del corazón, y que combinándolo con alcohol se convierte en un cóctel mortal, detalló el portal español La Vanguardia.
Anne Margaret intentaba meterse en la bañera, pero su estado de embriaguez era tal que sus hijas tuvieron que ayudarla a entrar. La engañaron diciéndola que le iban a dar un masaje. Cuando se dio la vuelta y bajó la cabeza, Caroline le agarró del cuello y le hundió la cabeza en el agua.
Tras comprobar que Anne había muerto, las jóvenes salieron de fiesta con sus amigos al Jack Astor's, un restaurante que frecuentaban. Su próximo paso tras el crimen: comprar una casa con una plantación de marihuana y realizar un viaje a Europa con sus amigos.
De manera hipócrita, las chicas avisaron al 911 sobre el hallazgo sin vida de su madre. La sacaron de la bañera para hacer la reanimación, pero obviamente no lo consiguieron. Los médicos nunca pusieron en duda su versión de los hechos.
Un año después del crimen de Anne que, por entonces se investigó como accidente, ocurrió lo impensado. Durante una fiesta, Caroline confesó la verdad a un vecino. Alardeó de cómo había planeado junto a su hermana el asesinato de su madre y que la policía no las había agarrado. Y ahí fue el principio del fin del crimen perfecto.
Entre las pruebas aportadas se incautó una computadora con los chats entre las acusadas y su grupo de amigos, y en los que se detallaba la planificación del crimen de la madre. En 2005, Caroline y Catherine se enfrentaron al tribunal.
Tras ocho semanas de juicio, Caroline y Catherine fueron sentenciadas a diez años de prisión. Sin embargo, a los cuatro y cinco años de condena respectivamente, las hermanas fueron liberadas. Caroline en 2009 y Catherine en 2010. Acababan de cumplir los 18.
Vida en libertad como desconocidas
Las autoras del matricidio viven en libertad, bajo una nueva identidad. Rehicieron sus vidas sin temor a represalias. Es que las leyes canadienses protegen a los menores de edad condenados y les ayudan a reinsertarse en el anonimato.
Caroline acudió a la Universidad de Waterloo para estudiar Geofísica gracias a la beca de 2.000 dólares donada por el empresario Andreas Cordsen. Y en cuanto a Catherine, se marchó a Ottawa, estudió derecho, se casó y tuvo un hijo.
"Las chicas de la bañera" siguen con su vida ajenas a la mirada indiscreta de la sociedad con la única prohibición de consumir alcohol y drogas.