Pekín se esforzó ayer en reafirmar sus ambiciones de potencia diplomática, expresando su apoyo a Rusia frente a las sanciones occidentales, al tiempo que censuraba a Japón e invocaba una relación entre iguales con Estados Unidos.
Pekín se esforzó ayer en reafirmar sus ambiciones de potencia diplomática, expresando su apoyo a Rusia frente a las sanciones occidentales, al tiempo que censuraba a Japón e invocaba una relación entre iguales con Estados Unidos.
Durante su rueda de prensa anual, al margen de una sesión de la Asamblea Nacional Popular (ANP) -la Cámara Legislativa china- el ministro chino de Relaciones Exteriores Wang Yi recurrió a todas las fórmulas retóricas habituales del régimen.
En sus respuestas, trató de representar una buena imagen de la diplomacia china actual, que se está configurando bajo los auspicios del consejero Yang Jiechi, miembro del gobierno.
Por un lado, Wang insiste en el apoyo indefectible de Pekín a sus viejos amigos y aliados, ya se trate de una Rusia afectada por el estigma de la crisis ucraniana, o de Pyongyang, a pesar de las molestias que le provocan sus tendencias belicosas.
Por otro, China intenta hacerse valer ostensiblemente como un igual de Estados Unidos, donde el presidente Xi Jinping debe acudir este año.
“Los dos dirigentes (estadounidense y chino) darán un nuevo impulso a los esfuerzos para construir un modelo inédito de relaciones entre grandes potencias”, declaró Wang Yi.
Un diálogo indispensable pero claramente delimitado: “China y Estados Unidos son dos grandes países. Es imposible que no haya ningún desacuerdo entre nosotros”, agregó.
Mientras Estados Unidos está barajando un endurecimiento de las sanciones económicas contra Rusia por el aumento de la gravedad de la situación en Ucrania, China asegura estar siempre preparada para reforzar su apoyo a Moscú.
Una ayuda bienvenida, en un momento en el que la economía rusa vacila, golpeada por las sanciones occidentales y el hundimiento del precio del petróleo.