2 de abril de 2016 - 00:00

El encuentro Obama-Castro derriba viejas antinomias entre Cuba y Estados Unidos

Durante décadas, Cuba y Estados Unidos han enmarcado su relación como un conflicto de opuestos: comunismo contra el capitalismo; los leales a Cuba contra los exiliados cubanos; el Estado contra el individuo.

Sin embargo, la visita que hizo el presidente Barack Obama a la isla hace 15 días, la primera de un presidente estadounidense en funciones desde Calvin Coolidge, dejó claro que se están rompiendo las antiguas líneas de batalla.

La política de participación de Obama y la reducida apertura a las ideas de libre mercado de Castro y las críticas cuidadosas han creado, juntas, una nueva dinámica para Cuba, que apenas comienza a revelar en lo que podría convertirse.

Leales contra exiliados
El primer gran discurso político sobre Cuba que pronunció Obama fue seis meses antes de que fuera elegido presidente, en un almuerzo que ofreció la Fundación Nacional Cubano-estadounidense al que asistí en Miami, el 23 de mayo de 2008.

Los cubano-estadounidenses de cierta prominencia, incluido Jorge Mas Santos, el hijo de Jorge Mas Canosa, quien utilizó a la Fundación como garrote en contra de los Castro, le había dicho a Obama que habría amplio apoyo de la comunidad de exiliados para la flexibilización de las normas para viajar, a fin de permitir que los cubano-estadounidenses tuvieran más libertad para regresar.

Obama y sus colaboradores de la campaña optaron por elevar la emotividad por encima de la ideología. ¿Quién podría oponerse a reunificar a las familias cubanas?

Sin embargo, cuando Obama dijo a la multitud que, si resultaba elegido, permitiría de inmediato “los viajes ilimitados de las familias, así como las remesas a la isla”, surgió un griterío. Aun entre los exiliados de edad mediana, en guayaberas, dijeron que antes habían rechazado ese tipo de compromiso.

Cuando Obama cumplió esa promesa con un cambio en la política, en 2009, comenzó una actividad frenética. Ahora, son 400.000 los cubano-estadounidenses que van anualmente. Después, cuando Castro envió la señal de su propio cambio al dejar de llamar gusanos a los exiliados, como lo había hecho su hermano y antecesor, Fidel Castro, la división entre cubanos y cubano-estadounidenses, entre exiliados y leales, se relajó todavía más.

Los ejemplos que mencionó Obama en su discurso de hace unos días sobre los cubano-estadounidenses que estaban experimentando reuniones emotivas -incluida Melinda López, quien dijo: “Tantos de nosotros estamos recibiendo tanto” al haber retornado después de 50 años- ahora son algo común. Ellos son sólo parte de la historia.

Algo más significativo son las conexiones entre los emigrantes recientes y los parientes que se quedaron en Cuba que han abierto pequeños negocios, de conformidad con las nuevas concesiones para el autoempleo que ha hecho Raúl Castro. En los últimos años, he conocido mecánicos, chefs, barberos y vendedores de ropa que dependen de familiares en el extranjero que actúan como socios no oficiales, aun cuando las inversiones son ilegales de acuerdo con el embargo y las leyes cubanas.

Ahora se está renegociando toda la idea de ir y quedarse. Cuba también se la está jugando con las familias cubanas -en 2012, Raúl Castro facilitó a los cubanos viajar sin perder la ciudadanía-. Muchos cubanos salen, pero no se quedan en el extranjero.

Comunismo vs capitalismo
Muchos cubanos ven a la tecnología y a internet accesible como una de las prioridades más importantes para su país, si no es la más importante. En su reciente discurso, Obama les dijo: "Internet debería ser accesible en toda la isla para que los cubanos puedan conectarse a un mundo más amplio y a uno de los motores del crecimiento más grandes en la historia de la humanidad".

Sin embargo, a su reunión con emprendedores el día anterior a su discurso, se le pasó el grado de actividad que estaba teniendo lugar y la forma en la que algunos cubanos ven a la tecnología como un camino hacia un nuevo modelo económico que no sea comunista ni capitalista, y perfectamente compatible con la cultura cubana de compartir.

Medardo Rodríguez es un dirigente de este movimiento tecnológico. Un desgarbado ex profesor de ciencias informáticas en el área rural, cuya extravagante genialidad se vuelve aparente entre más tiempo se le escucha decir que no se le interrumpa, Rodríguez es cofundador del Círculo de Empresas Emergentes Merchise, un organismo de programadores cubanos que han empezado a organizar competiciones de dos días para empresas emergentes en La Habana.

Conocí a Rodríguez afuera de la feria de emprendedores, después me senté con él para hacerle una larga entrevista que comenzó con café y cambió a cerveza.

Me dijo que el objetivo de Merchise es organizar una serie de actividades de interconexión, y comunidades, en línea y fuera de internet, de personas por todo el país que pudieran usar sus habilidades en la programación informática para ganar dinero con contratos con las compañías mundiales de programas informáticos (lo cual, de alguna forma, ya sucede); después, crear empresas emergentes para atender a los mercados latinoamericano y estadounidense.

Fue el tipo de cosa que habría sido imposible imaginar antes del anuncio del restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos el 17 de diciembre de 2014. Sin embargo, unos días antes de la visita de Obama, Stripe Atlas -una empresa emergente en San Francisco que ayuda a compañías internacionales a establecer un sistema de pagos en Estados Unidos- estuvo de acuerdo en trabajar con Merchise.

“Pensamos que existe mucho potencial contenido aquí”, dijo Patrick Collison, el director ejecutivo de Stripe Atlas. “Hay muchas personas que han estado programando durante 20 años, pero nunca ha sido posible empezar una compañía”.

Rodríguez, quien empezó Merchise en los 1990 cuando reclutó a dos o tres de sus mejores estudiantes de cada uno de sus grupos, dijo que esperaba un crecimiento considerable con varias actividades en los próximos años. Si bien el acceso público a internet todavía está limitado a los hoteles y a las zonas wifi del gobierno, dijo que la mayoría de los programadores trabajaban sin conexión y sólo entraban en internet cuando necesitaban hacerlo.

“Lo increíble de ahora es que tenemos la atención del mundo”, dijo. “Constantemente recibo correos electrónicos de personas que no conozco, que quieren trabajar con nosotros”. Prosiguió a decir: “Es un momento perfecto para Cuba”, y añadió que “sólo tenemos que sacarle provecho”.

Reconoció que hay retos y mencionó a la infraestructura y la burocracia. Sin embargo, cuando le pregunté si pensaba que el gobierno cubano permitiría lo que sonaba a un gran experimento capitalista, advirtió sobre tales categorizaciones. “No me gustan los nombres; ¿qué es el capitalismo?”, preguntó. “¿Es Estados Unidos, Francia, Haití o Burundi?”

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