11 de junio de 2017 - 00:00

La Traviata, desafío de Armendáriz en el Independencia

Con una gran producción local detrás, la soprano mendocina Graciela Armendáriz encabezará el elenco que desde el jueves 15 ofrecerá la famosa ópera de Verdi en el teatro mayor de la provincia. “Llevo tres años empujando este proyecto”, dice entusiasmada.

¿Será que "La Traviata" es la ópera más popular de todas? Si se pudiera medir este tipo de cosas, probablemente lo confirmaría. Y no es gratuito decirlo: Giuseppe Verdi puso aquí no solo un puñado de sus melodías más célebres e inspiradas, sino que también dio forma a un drama cuyos temas pincharon la moral de la época, al tratar cosas como la prostitución y la hipocresía de la alta sociedad.

Esta es la trágica historia de la cortesana más famosa del siglo XIX.

Y es un gran desafío psicológico y vocal para la soprano mendocina Graciela Armendáriz, que interpretará a Violetta Valéry el jueves que viene y durante tres noches más, cuando una gran producción de ópera vuelva a sonar en el Teatro Independencia y así sane un bache que empezó en 2012 con "Aurora", de Héctor Panizza. Que aquí hay público para ver este tipo de espectáculos, qué duda cabe.

Afirma ahora ella: "Dicen que el poder de las palabras es muy fuerte, y creo que es así". ¿Por qué? Porque los sueños a veces se filtran en la realidad: apenas iniciada la charla, recuerda la vez que pudo ver esta misma ópera en este mismo teatro, cantada por Ágata Chisari (soprano de origen italiano, con larga carrera en el Teatro Colón).

Una Graciela adolescente estaba allá arriba, en la última grada, padeciendo en carne propia los sufrimientos de una mujer obligada a abandonar la felicidad y luego morir (como buena heroína del siglo XIX) de una larga tuberculosis. Miraba la escena y lloraba: ¿Qué veías, Graciela? Una ópera, música y drama al mismo tiempo, algo que ella no había visto nunca antes en vivo.

"El problema en ese  momento es que no había aquí una escuela. Nos llegaban algunos VHS de óperas o de zarzuelas, o discos que nos comprábamos y escuchábamos. Era una cosa lejana, un mundo imaginario", nos dice. No sabía por entonces que iba a hacer carrera en España.

Ni que tampoco ahora iba a estar aquí, cantando Violetta por segunda vez en su provincia (la primera fue en 2004) y contando ya 28 noches en este papel (sí, las cuenta). ¿Casualidad? Quizás.

¿Predestinación? Es lindo pensarlo.

"Siempre libre…"

Graciela parece confirmar, con su propia carrera, la creencia de que para ser cantante lírico hay que irse. Antes de hacerlo, cantó en el Coro de la Ciudad de Mendoza, donde fue jefa de cuerda y preparadora vocal.

Su maestra repertorista, que hoy también está en la preparación, era Teresita d'Amico. Ganó un concurso en Perú, cantó en Washington y decidió desarraigarse hace 15 años, cuando se fue a Madrid convocada por un proyecto de Opera Studio que finalmente no prosperó.

-¿Qué pasó entonces?

-Fue durísimo al comienzo, porque estaba sola y no tenía contactos, no se había ido mi familia todavía, porque yo me había ido primero, rastreando y abriendo camino. Después ellos fueron y tuve la suerte de que empecé a conocer personas y me fueron invitando a conciertos, galas de zarzuela...

-Abrirse camino, un trabajo difícil...

-Duro, porque uno no deja de ser extranjero. Todo me lo he ganado con mi esfuerzo, y me falta mucho... (risas)

-¿Mucho?

-Sí, claro, uno nunca deja de estudiar y de aprender. Hace dos semanas estuve estudiando con mi maestro, Antonio Lemmo. Canté en una producción de "Rigoletto" (Verdi) en Portugal, terminé, volví a Madrid, hice el bolsito y me fui a Valencia a repasar Violetta con él y ya viajar para acá.

-¿Cómo describirías al personaje en tres palabras?

-Belleza, fragilidad y generosidad. Pero entereza al mismo tiempo...

-¿Es un papel muy difícil?

-Sí, porque está escrito como para tres sopranos en una: El primer acto es más ligero y más chispeante, el segundo, donde ya se plantea el conflicto, se da cuenta que se enamora por primera vez pero debe hacer el sacrificio de dejarlo, y a la par, a través de toda la obra, ella está enferma. Se ha recuperado de la tuberculosis, pero no se ha curado, y sabe que el tiempo que le queda es poco.

El tercer acto ya es un drama total, pobre, porque ha vendido todo para pagar sus deudas, y finalmente muere. Imagínate todo lo que tiene transitar una persona vocalmente para expresar todas estas emociones: es duro.

-Y escénicamente también.

-Sí, pero estamos trabajando con Willy Landin (director de escena), que es fantástico, ¡una persona tan preparada! Y tiene una energía muy buena, te sabe transmitir la emoción que hay que pasarle al público. Hemos salidos ya tres o cuatro veces llorando, o casi, del ensayo…

-¿Qué tiene la ópera, que hace que no pase de moda, pese a un idioma y siglos de diferencia?

-Creo que es la fusión de una obra de teatro, cantada y actuada. Y tienen un mensaje bastante actual en muchos casos: el amor, la fuerza, los celos... las cosas que nos pasan. Justamente, Landin nos pide que "no hagamos como si fuera una ópera", sino que todo sea orgánico sobre la escena, que vaya surgiendo como en una historia real, de cada día.

-Viendo la buena respuesta del público cada vez que se hacen estos espectáculos, ¿no se planteó la posibilidad de traer más proyectos así?

-Para llegar a este proyecto vengo desde hace tres años pinchando, investigando buscando, contactándome... Se iba a hacer el año pasado y se tuvo que suspender. Veo que, en esta gestión por parte de las autoridades -no voy a hablar de política, no me refiero a eso- un interés, porque han visto que la orquesta también está dispuesta a los proyectos que se le proponen.

Ellos también quieren abrirse un poco y llevar este género a la gente. Porque si se lo lleva a ella, lo consume. Ayer (N. del R.: por el miércoles pasado,  el primer día de venta de entradas) nos llamó la atención que la cola daba vuelta la esquina, ¡y falta una semana! Esto quiere decir que el público sí va, pero necesitamos apoyo.

-Siempre se habla del divismo que supuestamente existe en la lírica: ¿Hay mucho ego en el mundo de las sopranos?

-Hay mucho ego en el mundo (risa). Piensa que es una carrera muy en solitario, no en grupo. En general cada uno va haciendo su camino. Todo eso hace que uno tenga que formar un temple, una firmeza individual.

-¿Qué le decís a los jóvenes cantantes?

-Creo que lo básico para un cantante hoy en día, además del talento y la técnica, es trabajar mucho la parte emocional. Creo que desde el momento en que empecé a mirarme a mí, sin compararme, porque me frustraba y no lograba nada, la cosa empezó a salir. Tuve que escucharme, ver qué me pasaba, cuáles eran mis objetivos. La competencia es conmigo. Por otra parte, que no se queden quietos y le pongan mucha energía a las cosas que se propongan, ya sea presentarse en un concurso de canto o aprender un idioma.

-¿Cómo te ves en diez años?

-Hace tiempo que decidí no contestar eso, porque todo lo que dije en mi vida que no iba a hacer lo terminé haciendo. Por ejemplo, yo pensaba que no tenía nada que ver con el mundo del rock, y me convocaron para Queen Sinfónico, donde ahora canto con los rockeros en homenaje a la música que Freddie Mercury escribió para Montserrat Caballé. El espectáculo lleva seis años, y lo han visto como 400 mil personas…

Sobre la ópera

Junto a Armendáriz, veremos también al tenor mendocino Ricardo Mirabelli en el papel de Alfredo Germont, y al barítono rosarino Pablo Rossi Rodino como Giorgio Germont (su padre), cuyas carreras se desarrollan en España e Italia principalmente. La Orquesta Filarmónica de Mendoza estará dirigida por Gustavo Fontana, y la escena a cargo del régisseur Willy Landi (la escenografía viene desde el Teatro Argentino de La Plata, y se usó también en abril en San Juan, en una puesta del flamante Teatro del Bicentenario).

Éste es el drama de la cortesana más famosa de la música, de la literatura y el cine. La misma que, ya sea bajo el nombre de  Violetta Valéry o Marguerite Gautier (de "La dama de las camelias" de Dumas hijo, obra en la que se basa) interpretaron Greta Garbo, María Callas, Sarah Bernhardt, por nombrar tres íconos.

Violetta es una cortesana de la alta sociedad parisina (el "demi-monde" dumasiano) que se enamora de un joven aristocrático, Alfredo, y deja atrás esa vida para dedicarse a él enteramente. Su felicidad se termina el día en que Germont padre aparece y le pide que deje a su hijo, por motivos de  reputación familiar, básicamente. Acepta el sacrificio y tiene una recaída de tisis, algo que -sumado al gran dolor de la situación en sí- provoca el fatal desenlace.

Es conocida la anécdota de la noche del estreno, en 1853, cuyo protagónico estuvo a cargo de una soprano que provocó en el último acto las carcajadas del público. ¿Por qué? Nadie creyó que esa voluminosa mujer pudiera estar muriendo de tuberculosis... "¿Fallo mío o de los cantantes? El tiempo lo dirá", escribió Verdi en una carta después del estreno. Según se cuenta, el fracaso fue tan importante que tiempo después Verdi plantó en Sant'Agata (su villa) un sauce llorón: eso era para él esta ópera.

Más de un siglo y medio después, el tiempo ya dijo mucho: el famoso "Brindis" es conocidísimo y un número ineludible de cualquier concierto lírico; "Di Provenza il mar, il suol" es, para algunos, la melodía más hermosa escrita por Verdi; y otras partes de la obra circulan por las pantallas una y otra vez (sin ir más lejos, el plano secuencia inicial del musical "La La Land" comienza con un auto escuchando un fragmento del primer acto).

La ficha

"La Traviata", de Giuseppe Verdi (1853)
Ópera en 3 actos con libreto de Francesco Maria Piave, adaptado de "La dama de las camelias", de Alejandro Dumas hijo.
Con Graciela Armendáriz, Ricardo Mirabelli, Pablo Rossi Rodino, más solistas convocados. Coro de la Ciudad de Mendoza, dirigido por Ricardo Portillo. Ballet de la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza, dirigido por Franco Agüero. Orquesta Filarmónica de Mendoza, dirigida por Gustavo Fontana. 
Dirección de escena: Willy Landin. 
Funciones: jueves 15, viernes 16, domingo 18 y martes 20 de junio, todos los días a las 20.30. 
Lugar: Teatro Independencia (Chile y Espejo)
Entradas: $200 y $300, en la boletería del teatro, de 18 a 21, o a través de www.1000tickets.com.ar

LAS MAS LEIDAS