27 de septiembre de 2015 - 00:00

EEUU-Cuba: la estrategia diplomática del “no, pero sí”

El Papa movió en Cuba y Estados Unidos las piezas de la diplomacia con una estrategia digna de los mejores maestros del ajedrez mundial. No apresuró las jugadas y siempre estuvo un paso adelante de sus interlocutores: Raúl Castro y Barack Obama.

Francisco apeló en los dos países a la estrategia del “no, pero sí” para abogar por una reconciliación plena entre La Habana y Washington, tras más de media década de tensiones.

El pontífice argentino no reclamó el cese del “embargo” norteamericano a Cuba, pero utilizó la palabra “bloqueo” y dijo que esperaba que un acuerdo bilateral permita su levantamiento.

Tampoco se reunió con disidentes cubanos, pero dijo que los hubiera saludado con gusto. Empero un grupo que intentó verlo fue detenido, para evitar que llegara a la Nunciatura, donde se alojaba el Pontífice.

El Papa dijo en un vuelo no haber tenido noticias de ese incidente con opositores y aclaró que no tenía programadas reuniones ni con ese ni con otro grupo durante su estadía en el continente americano.

Para algunos, no haber recibido a los opositores del castrismo fue la movida más errática o menos prolija de toda la gira papal, omisión por la que recibió críticas y hasta un comentario irónico de la prensa internacional.

La única “dama de blanco” el domingo en la Plaza de la Revolución de La Habana fue la presidenta Cristina Fernández, escribió un diario español en alusión al nombre del grupo de mujeres que marchan cada domingo por las calles de la capital cubana, para pedir por los presos políticos y reclamar el respeto de los derechos humanos en la isla.

El Papa no condenó el régimen comunista de los hermanos Castro, pero habló de libertad y cosas por corregir, además de exhortar a superar "las resistencias al cambio".

Tampoco hizo una condena airada a los excesos del capitalismo, como en otras oportunidades, pero sí instó a la Casa Blanca a cambiar un "sistema" económico que excluye a millones de personas.

La excepción a esa lógica discursiva del "no, pero sí", el Papa la hizo al hablar de los migrantes.

Francisco fue directo e incisivo al advertir sobre la crisis de los extranjeros que llegan detrás del “sueño americano”, y en muchos casos son deportados. También recordó que él, como muchos estadounidenses, era hijo de inmigrantes, por lo que instó no darle la espalda a los “vecinos”.

El Papa no se movió de su estrategia, cuyo objetivo de máxima era seguir tendiendo puentes entre Cuba y Estados Unidos. Una idea de edificación diplomática desde las diferencias y el diálogo que él mismo contribuyó con una mediación reservada que comenzó a dar sus frutos en julio.

Ahora la responsabilidad de avanzar en la “reconciliación” es de La Habana y Washington que, tras reabrir sus embajadas, negocian reanudar los vuelos comerciales. En tanto, el tema del bloqueo sigue entre paréntesis.

La estrategia de Francisco involucró en forma colateral a la Argentina, al fundamentar por qué durante su visita pastoral a los dos países no dio audiencias privadas y revelar que rechazó el pedido de un jefe de Estado que quiso verlo en Cuba.

La lógica hizo pensar que se trataba de la mandataria argentina, la única presente en la isla y "adicta" a los encuentros con su compatriota el Papa desde que "descubrió" su perfil social y humano. Se vieron siete veces desde la elección pontificia de Jorge Bergoglio y ya se especula con otra reunión en Roma antes de que deje la Casa Rosada.

Pero, si bien pudo ser, está vez fue cierto que no hubo un pedido de audiencia por parte de Fernández de Kirchner.

Ni el Papa ni sus colaboradores dieron indicios de quién era el mandatario a quien la Santa Sede le dijo no.

Primero se especuló con el presidente colombiano Juan Manuel Santos, quien iba a participar en Cuba de conversaciones para la pacificación de su país con la guerrilla de las FARC. Pero la versión también fue descartada.

Hasta que finalmente el Vaticano confirmó que fue al presidente venezolano, Nicolás Maduro, a quien se le negó una audiencia privada con el Papa.

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