Trump en su laberinto internacional

Cada vez más cerca de las elecciones de mitad de mandato, el presidente Trump necesita demostrar que las idas y vueltas con que condujo la guerra con Irán fueron supuestamente en beneficio del mundo, comenzando por sus propios conciudadanos, en algunos casos bastante disconformes con lo actuado.

La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán cumple seis meses y la incertidumbre en la comunidad internacional es cada vez mayor. Como suele ocurrir con otros lamentables conflictos armados de la época (sirve como ejemplo el de Rusia con Ucrania) la pasividad de los organismos que deberían tener mayor autoridad para mediar es cada vez más alarmante. La ONU es un ejemplo.

Probablemente el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, haya imaginado que aquel bombardeo inicial que terminó con la vida del líder supremo iraní, Alí Jamenei, suponía el desmantelamiento de un régimen tenebroso que asoló al grueso de la población de su propio país durante más de 4 décadas y también constituyó una amenaza real para la seguridad de aquella región por su enriquecimiento de uranio. Hasta ahora no hubo desmantelamiento ni caída de la denominada Revolución Islámica.

Tal vez alguien en el poder estadounidense supuso que se trataría de algo tan sencillo como el operativo previo para detener y trasladar a Estados Unidos al venezolano Nicolás Maduro. Pero el semidestartalado régimen corrupto caribeño no tenía comparación con la maquinaria estratégica prolijamente armada por los iraníes.

Ahora Trump, junto a su colaborador económico Scott Bessent, anunció nuevas medidas contra redes que le permiten a las autoridades iraníes seguir generando ingresos. Instala la Operación Paria. Y advirtió la Casa Blanca que los países que faciliten sus operaciones quedarían excluidos del sistema del dólar. A dicha nueva postura norteamericana, Irán respondió que se encuentra preparado para resistir una vez más, agregando, por otra parte, que puede llevar a cabo una respuesta que no sea solamente defensiva.

Queda claro que, en estos seis meses de guerra contra Irán, Trump, con una postura errática que fue desde lo bélico hasta el diálogo político y la negociación de partes, no sólo generó desorientación a nivel mundial, sino que, incluso, enfrió las apetencias del gobierno israelí, empecinado con otra visión a futuro de aquella región, con una derrota iraní que no descartara una consolidación estratégica significativa.

Algunos medios de EEUU mayormente críticos de la política exterior actual de aquel país opinan que Trump intenta imponer erróneamente supremacía, de una vez por todas, a una nación que es insensible al dolor económico. Una mirada razonable de la realidad en aquella parte de Oriente si se tiene en cuenta la convicción con que siguen obrando no sólo el régimen de los clérigos, sino también el andamiaje político iraní que lo secunda.

Cada vez más cerca de las elecciones de mitad de mandato, el presidente Trump necesita demostrar que las idas y vueltas con que condujo la guerra con Irán fueron supuestamente en beneficio del mundo, comenzando por sus propios conciudadanos, en algunos casos bastante disconformes con lo actuado.

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