16 de febrero de 2026 - 00:00

Recuperar las uniones vecinales, desafío de la comunidad

La sociedad necesita recuperar los clubes barriales y, por añadidura, las uniones vecinales, tan fuertes en otras épocas y vinculadas a las mejoras de infraestructura de los barrios y distritos mendocinos. Pero, debe haber una retroalimentación juvenil para fortalecer estas entidades.

Siempre propiciamos desde estas columnas el servicio y la vigencia de las uniones vecinales en barrios y distritos del Gran Mendoza y el resto de la provincia.

Son organizaciones de vecinos, hombres y mujeres, a las que se debe muchos de los progresos de las zonas pobladas que conforman el territorio.

Hay que recordar los años fundacionales de estas entidades, en los ’60 y ’70, cuando trabajadores se unieron en los barrios Flores, Olivares y San Martín, de capital.

Un movimiento vecinal fuerte se gestó en 1969 con la formación de la Cooperativa Integral San Martín, cuyo objetivo principal fue mejorar la calidad de vida de los vecinos.

Otras surgieron después del destructivo aluvión de enero de 1970 entre los moradores de barrios del piedemonte, quienes se unieron para pedir defensas aluvionales.

De aquellos años son también los programas de ayuda mutua que permitieron que cientos de familias humildes accedieran a un techo propio y digno. De paso rendimos aquí un sencillo homenaje al arquitecto Alfredo Méndez, fallecido el año pasado, quien fue uno de los responsables del programa en Mendoza.

En definitiva, las uniones vecinales han dado impulso, y de hecho lo siguen haciendo, porque el sistema subsiste pese a deserciones, a la organización y construcción de centros de salud, o de tercera edad y salones de fiestas o de reuniones culturales, plazas, etc.

Asimismo, han estado involucradas en la obtención de servicios básicos y claves para el desarrollo de una existencia digna, como la obtención de redes cloacales, agua potable o asfaltos en zonas de calles de tierra.

Es una demostración escueta o restringida de la gran labor que han realizado las uniones vecinales en beneficio de los habitantes de la provincia. En la actualidad vemos muchos centros urbanos que han perdido estas organizaciones y sus locales han desaparecido o permanecen cerrados.

Muchos dirigentes se han retirado de los frentes de acción por el lógico e inevitable paso del tiempo, y los jóvenes no siempre han tomado los lugares que aquéllos dejaban.

Recordamos que años atrás, y como apuntaba un lector en nuestro segmento Cartas de los Lectores, la dinámica del accionar de las entidades vecinales era tan exigente, que hasta se celebraban periódicas reuniones con las autoridades municipales de turno para seguir de cerca el pulso de las necesidades de los barrios.

En el tema de la inseguridad, las uniones vecinales libraron un combate decisivo, reclamando ante los responsables del tema las medidas que se necesitaban para cubrir la tranquilidad de los habitantes.

Pero, en la actualidad hay muchísimas menos de estas instituciones en gestión, por lo menos en lo que concierne al Gran Mendoza.

Es perentorio que se vuelva al armado de las organizaciones vecinales, donde faltan, porque siempre habrá aspectos a mejorar en la comunidad, pero no se podrá hacer mucho si los jóvenes no se involucran con su voluntad y capacidad de trabajo.

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