El mundo no sale de su asombro por la impecable operación militar estadounidense que puso fin a la dictadura de Nicolás Madura en Venezuela. Probablemente el único recurso para terminar con un férreo dictador y líder de una gran organización internacional de narcoterrorismo, según los cargos de EEUU en su contra, además de ser el conductor de un gobierno corrupto e ilegítimo.
Al respecto, debe recordarse que la última elección presidencial, de julio de 2024, despertaba en la región la expectativa de un posible triunfo de la oposición que pusiera punto final a 25 años de dictadura chavista. En aquel momento, y a pesar de la fuerte censura, se palpitaba en las calles del país caribeño la mayoritaria ilusión de un cambio político que condujera nuevamente al goce de libertades en el marco de una vida democrática.
Pero también se ponía a prueba una vez más la honestidad del régimen, conociéndose de antemano sus intenciones de no aceptar un resultado adverso. En efecto, todo determinó que la dictadura venezolana puso en práctica en ese momento el mayor fraude que se recuerde entre las democracias latinoamericanas, según las apreciaciones de expertos y periodistas especializados que oficiaron de veedores. La oposición había triunfado por márgenes muy amplios, razón por la cual el Gobierno nunca mostró los datos.
Todo condujo a que, poco tiempo después, quien había triunfado en las urnas, Edmundo González Urrutia, tuviera que tramitar ante la “justicia” del régimen su salida del país para poder exiliarse en España. Una difícil excepción, porque el régimen superpobló las cárceles venezolanas con legítimos opositores que alguna vez intentaron alzar la voz.
Esa alevosa trampa electoral de Maduro y sus secuaces terminó de desacreditar a su ya totalmente despreciable forma de conducir a Venezuela e hizo prácticamente incontenible el rechazo internacional, incluso de varios gobiernos de izquierda encarrilados, como corresponde, en el sistema democrático.
Maduro conducía desde hace muchos años una nación con una economía anémica, desabastecida de alimentos y medicamentos. Un país con una economía sustentada en el petróleo que, sin embargo, vivió en las últimas décadas al borde del abismo.
De ahora en más corresponde observar cómo se desarrolla la transición hacia la democracia que prometió el presidente de EEUU. Tras el importante paso dado corresponde exigir que la aprehensión del líder chavista signifique el comienzo del camino hacia el único objetivo admisible, como es la recuperación de la decisión soberana del pueblo, entre las cuales se encuentra la más importante: poder elegir libremente a sus autoridades.
Venezuela debe reinsertarse en el mundo libre. El eventual reemplazo de una autocracia por una prolongada intervención extranjera iría en contra de esos innegociables preceptos y generaría un innecesario debate internacional.