La aprobación de la revisión técnica del acuerdo con la Argentina dispuesta por el Fondo Monetario Internacional, que permite el desembolso de 2 mil millones de dólares por parte del organismo, coincidió con una etapa de inestabilidad cambiaria, aunque siempre dentro de los márgenes de flotación de la moneda norteamericana dispuesta en su momento por la conducción económica.
Para el mencionado envío, el FMI valoró una vez más las medidas políticas adoptadas por el gobierno de Javier Milei, incluyendo la baja inflacionaria, baja de la pobreza y lo que el organismo internacional considera un “crecimiento económico sostenido”, aspecto que sigue generando controversias en cuanto a los porcentajes que se manejan.
Sin embargo, pese a la ratificación del apoyo a las medidas macroeconómicas del Gobierno, el FMI continúa advirtiendo sobre el volumen de reservas del Banco Central, al no alcanzarse aún la meta requerida en su momento. Es un asunto que preocupa a la autoridad monetaria nacional, pese a que, en el contexto general, el organismo de crédito admite la intención de lograr esa meta.
En medio de la turbulencia que generó el dólar al acercarse al límite máximo de flotación establecido, surgió la habitual discusión entre economistas sobre la real valoración de la moneda norteamericana, mientras desde el Gobierno se atribuía en parte la situación al contexto eleccionario en marcha.
Más allá de la reacción confrontativa del presidente y de su ministro Caputo, lo que debería primar en las actuales circunstancias es la decisión del Gobierno de seguir avanzando en sus grandes políticas mientras el clima social no refleje un descontento que obligue a algún tipo de reformulación. Conviene en estas situaciones valorar aquel refrán que sugiere “no cambiar de caballo en medio del río”.
Como aconseja el organismo internacional de crédito, la consolidación fiscal y la desregulación de la economía, estrategias encaradas desde el arranque por la actual administración, constituyen una especie de emblema de la gestión y han permitido destrabar aspectos de la actividad económica que anteriormente se encontraban limitadas.
Sí hay aspectos sensibles de la vida de los argentinos que el Ejecutivo Nacional no debería descuidar, independientemente del respeto irrenunciable al equilibrio fiscal logrado. En ese sentido prima el tema laboral, enfocado en los salarios, y la compleja realidad del sistema jubilatorio, afectado por años de vergonzoso desmanejo, pero que tampoco puede seguir perjudicando los ingresos de sus beneficiarios con ingresos bajos.
Justamente, entre las recomendaciones y, a la vez, llamado de atención del FMI en su último documento, se sugiere a las autoridades fortalecer el mercado laboral para promover el empleo formal y facilitad la movilidad. La reforma laboral es una de las metas del Gobierno para los próximos dos años de gestión, política que, a la vez, comenzó a ser abordada en el Consejo de Mayo.
Por lo tanto, es de esperar que el gobierno nacional, sin subestimar los inconvenientes propios de una gestión altamente reformista, mantenga el rumbo adoptado, que será puesto a consideración de los argentinos en los comicios de octubre. El veredicto de las urnas es lo que realmente vale.