28 de junio de 2026 - 00:00

La Universidad debe repensarse y transformarse

Desde hoy mismo, en la UNCuyo, autoridades entrantes y salientes, deberían dialogar y llegar a acuerdos sobre la universidad que queremos y necesitamos, dejando de lado toda diferencia política partidaria externa, cuya intromisión suele hacer más mal que bien a las instituciones del conocimiento superior.

La Universidad Nacional de Cuyo acaba de culminar, esta semana, con la renovación vía elecciones de todas sus autoridades al elegir sus máximos representantes, en las figuras de Adriana García como nueva rectora, acompañada por Ana Sisti como vice rectora.

Una primera lectura nos remite a destacar el hecho que se ha cambiado el signo político de la máxima conducción universitaria, ya que en los últimos 12 años las administraciones fueron de signo radical y ahora son reemplazadas por quienes eran la oposición peronista.

Sin embargo, el debate principal debe ser otro. Estamos hablando de una entidad educativa, la UNCuyo, que, entre todas las instituciones públicas de Mendoza, es quizá la más prestigiosa y respetada de todas. Por lo tanto, sus prioridades deben ser académicas y no partidarias, basadas en proyectos y propuestas con los qué encarar su reforma interna y su relación con el resto de la comunidad mendocina.

Porque la crisis universitaria existe, por encima de todas las críticas que se le puedan hacer a las políticas de educación superior del gobierno nacional que han tendido más a ajustar que a transformar, más a desfinanciar que a fijar prioridades, más a combatir el ideologismo con más ideologismo, aunque sea de signo inverso.

No obstante, la Universidad no puede limitarse a criticar la política del gobierno nacional, sino que ella debe cambiar estructuralmente si quiere ponerse a tono con los tiempos que corren, reemplazando las prácticas e inercias que impiden un verdadero cambio de la educación pública superior.

La UNCuyo no está exenta de los problemas del resto de las universidades nacionales: Como la desproporción irracional entre un ingreso masivo de aspirantes y un egreso insignificante de graduados, los cuales en una cantidad exagerada demoran tiempos exorbitantes para graduarse. O como la tendencia a que cada vez haya menos profesores titulares de cátedras con dedicación exclusiva obtenidas por exigentes concursos externos (que son, en los países más avanzados, los que determinan el nivel académico de cada casa de estudio), proliferando, en cambio, infinidad de cargos con menor dedicación y mal pagos, que mucho tienen que ver con el clientelismo político universitario. Se han creado, además, nuevas universidades en vez de mejorar las existentes. Es poco también lo que se hace para estimular la demanda educativa hacia carreras más relacionadas con el desarrollo productivo nacional y menos con las burocracias estables.

Nada de esto se podrá cambiar para mejor si las autoridades universitarias se dejan llevar por tendencias corporativas que confunden autonomía con aislamiento. Y que son, las que a la postre, permiten los ataques de los que, en nombre de los defectos, buscan atacar todo lo mucho y bueno que siguen produciendo nuestras universidades.

Por eso, desde hoy mismo, en la UNCuyo, autoridades entrantes y salientes, deberían dialogar y llegar a acuerdos sobre la universidad que queremos y necesitamos, dejando de lado toda diferencia política partidaria externa, cuya intromisión suele hacer más mal que bien a las instituciones del conocimiento superior.

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