Hace unos días se cumplió otro aniversario del fallecimiento del último Premio Nobel argentino, el doctor César Milstein, cuya partida se produjo el 24 de marzo de 2002.
En momentos difíciles para la ciencia y la investigación argentinas, es de plena justicia evocar a César Milstein, al cumplirse un aniversario de su fallecimiento, acaecido en 2002. Su ejemplo de vida y persistente y la obtención del Premio Nobel de Medicina en 1984, es una señal luminosa para miles de investigadores que comienzan sus carreras.
Hace unos días se cumplió otro aniversario del fallecimiento del último Premio Nobel argentino, el doctor César Milstein, cuya partida se produjo el 24 de marzo de 2002.
Se trata de una figura de la ciencia argentina que siempre debe ser recordado, en especial por la trascendencia de sus descubrimientos y su relación como maestro con jóvenes investigadores que tuvieron en él un espejo donde reflejarse y un aliciente para investigar y llevar soluciones a los diversos problemas que aquejan a la vida de las personas.
Nacido en Bahía Blanca, era doctor en Química, pero el galardón otorgado por la Real Academia Sueca de Ciencias fue en el ámbito de la Medicina por su descubrimiento revolucionario de los anticuerpos monoclonales, realizado junto a Georges Köhler, lo que permitió el desarrollo de terapias clave para el cáncer, trasplantes y enfermedades autoinmunes.
Han transcurrido 42 años de ese logro y la integración de su nombre al selecto grupo de cuatro ganadores del Nobel, dos de la Paz, Carlos Saavedra Lamas (1936) y Adolfo Pérez Esquivel (1980) y dos científicos más: Bernardo Houssay (Medicina, 1947) y Luis Federico Leloir (Química, 1970).
A veinticuatro años de su partida, es pertinente recordar la vida de un científico que, al igual que otros pares, nunca procuró lucros ni progresos económicos y en cambio, logró la inmortalidad. En ese sentido podemos establecer un parangón con Luis Federico Leloir, tenaz investigador también de modesto estilo de vida, y sin más bienes materiales que su casa y un viejo Fiat 600.
Por otra parte, resulta oportuno evocar a esta notable personalidad argentina, más en momentos en que se disparan alertas sobre las graves consecuencia que tiene el desfinanciamiento que sufre el sistema científico nacional, con el riesgo de la desintegración de grupos de investigación y el abandono de la actividad por representantes jóvenes o que emigren, algo que seguramente hubiera enojado mucho al hombre que empezó su carrera en el equipo del maestro de la Medicina Andrés Stoppani, fallecido en 2003, un año después que su discípulo. Previamente había intentado ingresar al grupo que presidía Bernardo Houssay, pero la falta de vacantes lo obligó a buscar otro rumbo.
El descubrimiento de los anticuerpos monoclonales llegó después de una idea y de años de estudio, discusiones y experimentos. Este hallazgo produjo una revolución en el proceso de reconocimiento y lectura de las células y de moléculas extrañas al sistema inmunológico. Consiste en la producción de anticuerpos o proteínas capaces de atacar sustancias invasoras en el paciente para dirigirse específicamente a un tipo de células.
Otro aspecto de Milstein fue que demostró siempre un enorme reconocimiento por Argentina. “Gran parte de una persona es su educación. Yo toda mi educación la hice en mi país. Recién viajé por primera vez cuando tenía más de treinta años”, dijo en una entrevista.