15 de enero de 2026 - 00:00

El litio y la diversificación económica del país

El litio es el llamado “oro blanco”, insumo clave para la fabricación de baterías, especialmente las destinadas a vehículos eléctricos. La demanda global del mismo crece al ritmo de la transición energética y Argentina, como integrante del Triángulo del Litio junto a Chile y Bolivia, ocupa una posición estratégica.

Impulsado por el auge del litio y una diversificación económica inteligente, el Norte argentino atraviesa un momento de esplendor que tiene en San Lorenzo Chico a uno de sus símbolos más visibles. Ubicada a las afueras de la ciudad de Salta, entre la capital provincial y las yungas que anuncian el inicio del Valle de Lerma, esta localidad pasó en pocos años de ser un área rural a convertirse en un centro de inversiones, desarrollo urbano y servicios premium. No es casual que hoy muchos la llamen, con asombro y algo de exageración, la “Dubai” de la Argentina.

El mote no surge solo del impacto visual de su crecimiento, sino de la velocidad y escala de la transformación. Barrios privados, shoppings, hoteles de alta gama, colegios bilingües y proyectos inmobiliarios de lujo redefinieron el paisaje. San Lorenzo Chico se consolidó como una zona moderna, con infraestructura y servicios de primer nivel, capaz de atraer a sectores de alto poder adquisitivo, profesionales calificados e inversores nacionales e internacionales.

El motor de este fenómeno es el litio, el llamado “oro blanco”, insumo clave para la fabricación de baterías, especialmente las destinadas a vehículos eléctricos. La demanda global crece al ritmo de la transición energética y Argentina, como integrante del Triángulo del Litio junto a Chile y Bolivia, ocupa una posición estratégica. En este contexto, empresas como Ganfeng Lithium y Lithium Argentina avanzan con proyectos en salares como Pastos Grandes y Pozuelos, con el objetivo de duplicar la capacidad productiva del país.

El efecto del litio va mucho más allá de la extracción. En San Lorenzo Chico se produjo un verdadero efecto dominó. Llegada de empresas proveedoras, crecimiento del empleo calificado, demanda de viviendas, oficinas y servicios. Es un impacto que, llamativamente, no se observa con la misma intensidad en otras experiencias mineras del país. Basta mirar casos como Iglesia o su villa cabecera Rodeo, donde la presencia de una de las minas de oro más importantes de la Argentina no logró generar un desarrollo urbano comparable.

La clave parece estar en la planificación y en la articulación entre inversión privada, infraestructura y visión de largo plazo. En San Lorenzo Chico, el punto de inflexión fue en 2013 con el proyecto Praderas de San Lorenzo, un barrio privado de características exclusivas impulsado por los hermanos Beccar Varela a través de Proyecto Norte. Desde entonces, la expansión no se detuvo. Hoy se suma el anuncio del primer Hotel Hilton Garden Inn del noreste argentino, con apertura prevista para 2027.

Este crecimiento inmobiliario descomunal no solo revaloriza tierras y atrae capitales, sino que instala un debate necesario: cómo aprovechar los recursos naturales para generar desarrollo integral y sostenible. San Lorenzo Chico ofrece una postal de lo que es posible cuando el boom minero se traduce en ciudad, empleo y oportunidades. Un espejo en el que otras regiones, inevitablemente, empiezan a mirarse.

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