4 de octubre de 2025 - 00:00

Arbolado: erradicar, replantar y salvar vidas

Las administraciones municipales y el Gobierno provincial tienen diversos problemas en sus gestiones, pero es imprescindible que solucionen los diversos problemas del arbolado público, en vista de la caída periódica de ejemplares con sus consecuencias trágicas.

El viernes 26 de septiembre, una mujer de 37 años falleció en Maipú, luego de la caída de un árbol sobre su automóvil debido a las fuertes ráfagas de viento que corrían esa tarde.

Ocurrió en calle Rawson, entre Alta Italia y Adolfo Villanueva, zona de barrios privados. El hecho tuvo lugar a las 17.33, según el registro de una cámara de seguridad que captó el dramático momento. Metros antes frena una camioneta doble cabina cuyo conductor estuvo muy cerca de ser alcanzado por el forestal. Segundos antes la secuencia de la cámara muestra el paso de distintos vehículos.

¿Se pudo haber evitado este penoso incidente y ahora la conductora fallecida estaría con vida?

Difícil saberlo, pero el municipio de Maipú había iniciado tiempo antes las gestiones para erradicar forestales en situación de riesgo de su jurisdicción, diligencias que se llevaban a cabo ante la Dirección de Biodiversidad y Ecoparque. A su vez, desde los organismos provinciales afirman que los ejemplares en mal estado fueron erradicados en su oportunidad, pero que el municipio construyó luego obras que deterioraron árboles que estaban en buen estado.

Lo cierto es que mientras desde ambas jurisdicciones se endilgan culpas mutuamente, los que sufren las consecuencias son las personas comunes que no tienen por qué saber a quién le corresponde cada cosa. Lo que debería haber es interacción y colaboración entre todos los actores públicos en vez de conflictos que a veces incluso rozan las cuestiones políticas.

El arbolado público es una política provincial. Siempre lo fue. Desde la ley 39 de 1897, el decreto del lencinismo de 1920, las leyes de 1937, de 1954 y la norma vigente de 2008. Existen también proyectos aún no tratados en la Legislatura que proponen derivar a los municipios el cuidado de los árboles.

Habrá que remarcar que los árboles son seres vivos que cuando no se los cuida ni se los riega, aceleran su decrepitud, con las consecuencias lógicas de su muerte y riesgo de caída ante contingencias climáticas y hasta sin que éstas se produzcan.

También es importante aclarar que no pocos de los forestales que pierden la vertical, se desploman por obras de infraestructura que afectan las raíces, sumado a ello las deficientes podas que se realizan por las distintas reparticiones de servicio y hasta los propios municipios, que entonces son corresponsables de estas inseguridades que ocasionan perdidas irreparables en la sociedad.

Con prescindencia de estas y otras situaciones vinculadas al arbolado público, es fácilmente comprobable con solo recorrer distintos circuitos del Gran Mendoza, y observar árboles secos por todos lados y que esta vez superaron las ráfagas del último temporal de viento y lluvia.

Las municipalidades, junto con la Dirección de Biodiversidad, tienen que intentar el esfuerzo, que no descartamos que será muy grande en personal y recursos económicos, de erradicar los árboles que están en peligro de caer y causar más tragedias. No olvidemos que en el último fenómeno además de lamentar la perdida de una mujer joven, en una arteria del distrito El Algarrobal (Las Heras), pudo haberse producido otro caso fatal, cuando otro árbol se desplomó al paso de un motociclista, repartidor de alimentos.

En la jornada que estamos comentando, se desplomaron más de 351 árboles, un número bastante importante como para no preocuparse.

Hay que eliminar en la medida de lo posible los riesgos a futuro, descartar la mayor cantidad de forestales que ya no deben estar en pie y proceder a los correspondientes trasplantes.

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