Intervenir un territorio con impronta agrícola exige una lectura atenta de sus dinámicas preexistentes para evitar imponer lógicas ajenas al sitio. En el corazón de Cruz de Piedra, en el departamento de Maipú, una finca de aproximadamente tres hectáreas cubierta por olivos antiguos se convirtió en el escenario del Multiespacio Olivos de Arauco, un proyecto integral de arquitectura concebido por el arquitecto Felipe Fiorentini.
Uno de los aspectos más significativos de la propuesta radica en la conservación de la topografía original del terreno. El desnivel natural que corre de oeste a este, utilizado históricamente para la distribución del riego por gravedad en los cultivos, fue preservado como un elemento estructural del paisaje y como parte esencial de la propuesta arquitectónica. En lugar de modificar el perfil del suelo con grandes movimientos de tierra, la obra acomoda sus flujos y conectores a las cotas preexistentes.
Es importante destacar que la propiedad es del gremio AMPROS.
Un rescate patrimonial singular
La relación entre la obra nueva y la historia del predio se resuelve a través de una maniobra patrimonial poco habitual en la región. El emplazamiento proyectado para el Auditorio principal coincidía exactamente con la huella de la antigua Casa Patronal, una construcción levantada en el siglo XIX por la familia de Ernesto Lhez que sirvió durante décadas como núcleo administrativo y productivo de la propiedad.
Debido al severo deterioro que presentaba la estructura histórica, la intervención adoptó una decisión estratégica: la casona fue trasladada en su totalidad 60 metros hacia el este. Allí, fue objeto de un meticuloso proceso de restauración que la consolidó como una pieza de valor testimonial e histórico dentro del complejo. Libero así la superficie original para albergar el edificio principal, de modo que la nueva arquitectura se asienta de forma directa sobre la memoria edilicia del sitio.
Sistemas constructivos livianos y confort ambiental
Sobre la huella histórica se erige hoy el salón principal, un espacio diseñado con capacidad para 400 personas sentadas. Desde el punto de vista proyectual, los nuevos volúmenes evitan competir con la escala, la textura y la presencia de las arboledas centenarias. Para ello, la arquitectura adopta una premisa de levedad y permeabilidad visual.
El sistema constructivo recurre a una estructura metálica estrictamente modulada, combinada con cerramientos de bajo peso y grandes paños vidriados. Esta envolvente transparente favorece una conexión permanente entre los recintos interiores y el entorno vegetal. La luz natural penetra de forma controlada a lo largo del día, generando visuales cruzadas hacia el paisaje agrícola y permitiendo esquemas de ventilación constante que aportan al confort térmico y a la eficiencia energética del conjunto.
Articulación espacial e impacto ambiental controlado
El programa funcional del conjunto se completa con un segundo auditorio, preparado para recibir a 240 personas. Este volumen secundario se organiza en torno a un patio central, configurado como una plaza de recepción, intercambio y expansión al aire libre para los asistentes.
La circulación entre ambos edificios se resuelve a través de una red de senderos peatonales que serpentean entre las hileras de olivos, trazados con precisión para evitar la tala o alteración del esquema botánico original. De igual modo, las áreas destinadas al estacionamiento de vehículos se ejecutaron con materiales y solados permeables. Esta solución técnica busca reducir la huella ambiental de la obra, favoreciendo la infiltración natural de las aguas de lluvia directamente hacia el freático y manteniendo la capacidad de absorción característica del suelo de la finca.