1 de septiembre de 2016 - 00:00

Dudas sobre la fortaleza del sistema

La caída de Rousseff indaga sobre el fracaso del sistema constitucional brasileño: de los cuatro presidentes electos por el voto popular desde la vuelta de la democracia en 1985, apenas dos terminaron sus mandatos, Fernando Henrique Cardoso y Lula da Silva.

El fin de la administración de Dilma, a un año y medio de iniciar su segundo mandato, pone al descubierto un cambio de época: el fin de la era del Partido de los Trabajadores (PT) y su modelo “desarrollista con inclusión social”, salpicado por un escándalo de corrupción que puso de rodillas a toda la clase dirigente y convirtió al Poder Judicial en un campo de batalla política mientras, para colmo, la economía no para de caer.

Cuando Rousseff obtuvo su reelección había un índice de desocupación de 4,8%. Ahora, tras cien días de suspensión, interrumpido por esta ruptura institucional, ese indicador trepó a 11%.

Sin duda, la caída de Dilma tiene errores estratégicos propios e intentonas desestabilizadoras surgidas desde que fue reelecta por un mínimo margen. En su campaña, Rousseff prometió un futuro promisorio pero apenas ganó la elección comenzó a caer la recaudación fiscal (el fin de la era de las supercommodities) y su perfil desarrollista en la economía cambió: su segundo mandato estaba marcando la era del ajuste, con el monetarista Joaquim Levy en Economía.

No funcionó. La bloquearon sus aliados en el Congreso, mediante el ascenso del multiprocesado por corrupción Eduardo Cunha, brazo derecho de Temer.

El ajuste fiscal también era rechazado en las calles por los sindicatos y movimientos sociales. Lula, mentor político de Dilma, hablaba del plan económico con críticas. Ella quedaba cada vez más sola. Fue en ese vaivén que también avanzó la operación lava Jato, que puso en jaque el sistema que rige desde los años ’80 entre obras públicas y financiación de partidos políticos.

La clase media urbana, las grandes empresas de comunicación y los sectores industriales paulistas fueron claves para organizar manifestaciones y pedir el juicio político. El mismo  día del juicio a Rousseff, el gobierno informó una recesión por sexto trimestre consecutivo: esta bomba de tiempo de crisis económica, política y moral explotó cuando el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) de Temer pasó a abrazar la causa del impeachment.

“Es irreversible”, dijo Lula, quien conoce a todos los senadores que votaron la destitución de Rousseff. Incluso el PT, que reclamaba autoritarismo de la justicia en las investigaciones, le pedía una mano en ese sentido, que nunca llegó.

La crisis, en fin, está lejos de tener una solución.

LAS MAS LEIDAS