12 de octubre de 2014 - 00:00

Divorcio entre dogma y realidad en el Sínodo sobre la Familia

El Papa y altos prelados del mundo debaten hasta el 19 sobre cómo integrar a la familia moderna y “dar cabida a todos”. Divorcio, celibato y homosexualidad, temas críticos.

El Sínodo sobre la Familia, iniciado esta semana en el Vaticano ilustró, durante los animados debates, el abismo existente entre la doctrina católica sobre el matrimonio y el día a día de los fieles.

El Papa Francisco ha podido comprobar que la libertad de expresión que recomendó el lunes durante la apertura de este Sínodo histórico se ha tenido en cuenta. Los participantes no disimulan sus diferencias, sobre todo en un tema tan espinoso como el de los divorciados que vuelven a casarse.

Estos debates, calificados de “animados” y “apasionados”, representan un catálogo de ideas muy diversas, incluso revolucionarias, que recuerdan al Concilio Vaticano II (1962-1965), según los analistas.

Aunque todos los participantes defienden el modelo católico del matrimonio indisoluble y de la familia tradicional, numerosos prelados se muestran “pragmáticos”, ya que quieren encontrar “soluciones” a la realidad y a los desafíos planteados por la evolución de la sociedad, según la periodista de Radio Vaticano, Romilda Ferrauto.

Para hacerlo, están dispuestos a “cuestionar algunos puntos de la doctrina”, añade Ferrauto, que informa de los debates sin citar nombres.

El cardenal brasileño Raymundo Damasceno Assis resume esta mentalidad compartida por algunos prelados: “Lejos de encerrarnos en una visión legalista, queremos sumergirnos en las situaciones difíciles para convertir a la Iglesia en una casa paternal, donde tengan cabida todos”.

Otro cardenal advirtió, por su parte, que la Iglesia podría parecerse “a una morgue, donde se multiplican las autopsias de matrimonios fallecidos”.

“Un obispo estimó que los sacerdotes casados, como los de las iglesias orientales, por ejemplo, estaban en mejor situación para comprender los problemas de las familias, ya que conocen el precio de una barra de pan o de un kilo de azúcar; la dificultad de criar a los hijos sometidos a diferentes presiones”, subraya Ferrauto.

Una de las principales manzanas de la discordia del sínodo es la posibilidad de conceder a algunos divorciados el derecho a recibir la Eucaristía, bajo estrictas condiciones.

Algunos obispos “piensan que todo el edificio corre el riesgo de hundirse”, asegura la periodista de Radio Vaticano. Otros estiman que “está en juego la credibilidad de la Iglesia” si no se autoriza, caso por caso, la comunión para algunos divorciados casados en segundas nupcias.

Una gran mayoría de participantes, situados entre esos dos grupos, propone hallar soluciones de “misericordia” que no impliquen cambios en el dogma: grupos de acompañamiento, pastoral familiar, preparación al matrimonio y flexibilización de las reglas de anulación ante los tribunales eclesiásticos.


La acogida de los homosexuales en el seno de la Iglesia es otro tema delicado, que apenas se abordó. El obispo maltés Mario Grech pidió "un lenguaje más próximo a los homosexuales" y abogó por una "modificación" del Catecismo, ya que muestra "una cierta insensibilidad" (ver aparte).
El sínodo continuará hasta el 19 de octubre.

De la condena moral al respeto por los gays

Los grupos defensores de los homosexuales celebran con cautela el cambio de tono mostrado por la Iglesia Católica hacia los gays, alentado por el famoso “¿quién soy yo para juzgar?” pronunciado el año pasado por el Papa Francisco y que ha tenido eco incluso en los obispos que debaten temas de familia durante un encuentro esta semana en el Vaticano.

No se habla de que la doctrina eclesiástica sobre la homosexualidad cambiará o de que el Vaticano vaya pronto a apoyar los matrimonios gay, o siquiera las uniones entre parejas del mismo sexo, como lo dejó bien claro esta semana el principal defensor canónico del Vaticano.

Sin embargo, por primera vez, en este encuentro se están hablando temas como la homosexualidad y de cómo proveer un mejor cuidado espiritual a los homosexuales católicos.

Día tras día, los obispos han hablado de la necesidad de cambiar el lenguaje de la iglesia sobre los gays de palabras de condena moral y juicio, a palabras de bienvenida y respeto.

“Creo que lo que estamos viendo es una ruptura en el hielo que habíamos estado esperando desde hace mucho tiempo”, declaró Francis DeBernardo, director general de New Ways Ministry (Nuevas Formas de Ministerio), un grupo de gays católicos.

"Es la señal de un primer paso"'.
La enseñanza religiosa establece que los actos homosexuales están "intrínsecamente fuera del orden", son una "depravación seria" y la homosexualidad está "objetivamente fuera de orden". Al mismo tiempo, dice que los gays deben ser tratados con respeto y compasión y no sufrir discriminación.

“Sé de decenas de personas que han abandonado la Iglesia Católica por estas palabras”, señala DeBernardo.

El Papa emérito Benedicto XVI redactó algunos de los documentos clave del Vaticano sobre los homosexuales cuando encabezaba la oficina responsable de custodiar la doctrina de la fe.

En 1986, en una carta dirigida a los obispos, señala que cualquier programa religioso debe señalar claramente “que la actividad homosexualidad es inmoral”. En 2003 publicó documentos donde se opone a las uniones homosexuales.

Por su parte, el cardenal Francesco Coccopalmerio, principal defensor del canon católico, dijo que la Iglesia “nunca” aceptará el matrimonio homosexual ni bendecirá una unión gay. Sin embargo, a pesar de la férrea oposición, no hay duda de que ha habido un cambio de tono.

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