Más que un arquitecto, Oscar Niemeyer era un “dios” de la arquitectura, un “maestro”, un “gran amigo”, un militante comunista hasta sus últimos días a quien el mundo celebra sin escatimar en elogios.
Más que un arquitecto, Oscar Niemeyer era un “dios” de la arquitectura, un “maestro”, un “gran amigo”, un militante comunista hasta sus últimos días a quien el mundo celebra sin escatimar en elogios.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, calificó al Niemeyer de “figura mayor” de la arquitectura, con una carrera “excepcionalmente larga e ilustre”.
Niemeyer integró el grupo liderado por el arquitecto francés Le Corbusier que diseñó la sede de la ONU en Nueva York, “parte de la herencia que dejó al mundo”.
La Unesco también rindió homenaje a este “artista universal” y “gran humanista”, señaló en un comunicado Irina Bokova, directora general del organismo.
Su obra maestra, Brasilia, forma parte del Patrimonio Mundial de la Unesco desde 1987.
El presidente de Francia, François Hollande, saludó la obra de un “hombre comprometido y cuyas convicciones fueron puestas siempre al servicio de su talento”. Un “arquitecto del sueño hecho realidad”, lo caracterizó el primer ministro francés Jean-Marc Ayrault.
Niemeyer vivió en Francia durante sus años de exilio de la dictadura militar (1964-1985). Allí diseñó una veintena de obras, entre ellas la sede del Partido Comunista en París (1965) y la Casa de la Cultura en Le Havre (1972). Tenía “con Francia una relación privilegiada no sólo porque construyó aquí varios edificios cuya modernidad y originalidad conmueven a los visitantes, sino también porque residió en el exilio”, señaló Hollande en un comunicado.
Cuba también lamentó el fallecimiento de Niemeyer, un “incondicional” y “gran amigo” de la revolución y su líder histórico Fidel Castro. “Sólo quedan dos comunistas en el mundo, Oscar y yo”, dijo en 1995 el entonces presidente cubano, durante una visita a Niemeyer en su atelier de Río.
Para la ministra argelina de Cultura, Jalida Tumi, el arquitecto “dejó su huella a través de sus obras realizadas en Argelia y que son una referencia para las jóvenes generaciones de arquitectos a escala nacional e internacional”.
En su “aventura argelina”, Niemeyer proyectó las universidades Huri Bumedien y Constantin, la escuela de arquitectura de El Harrach y la sala polideportiva del 5 de julio, en forma de cúpula.
“No era un teórico de la arquitectura. No creó escuela pero hizo soñar, mostró que podía crearse de otra manera”, dijo en París Francis Rambert, director del Instituto Francés de Arquitectura (IFA), que colocó a Niemeyer entre las grandes figuras de la arquitectura del siglo XX, junto a Frank Lloyd Wright, Mies van der Rohe y Le Corbusier.
Varios de los arquitectos más reconocidos de la actualidad fueron influenciados por las curvas de Niemeyer, ganador del premio Pritzker de 1988, una especie de Nobel de la arquitectura.
El británico Norman Foster se declaró “profundamente entristecido” por la muerte de Niemeyer, uno de sus “héroes”.
“Oscar era un caballero y un arquitecto verdaderamente grande, un virtuoso”, dijo la británica de origen iraquí Zaha Hadid (premio Pritzker 2004), que dijo inspirarse en su trabajo “visionario”. Según Rambert, para Hadid “Niemeyer es un dios”, lo que se evidencia “en la fluidez de las formas”.