12 de mayo de 2016 - 00:00

Dilma: la ex guerrillera que sufrió torturas y venció al cáncer

La “Dama de Hierro” de Brasil integró un grupo armado que combatió a la dictadura. Una dulce abuela de 69 años que a los 20 asaltaba bancos.

Dilma Rousseff, la “Dama de Hierro” que soportó tres años de prisión y largas sesiones de tortura por enfrentar en los años 70 a la dictadura militar, se juega la Presidencia de Brasil en un juicio político bajo cargos de maquille fiscal que son juzgados por una clase política salpicada por múltiples escándalos de corrupción.

Rousseff, de 69 años, fue la primera mujer elegida presidente en la historia de Brasil y la segunda dirigente del Partido de los Trabajadores (PT) que llegó a la primera magistratura, de la mano del fundador de esa fuerza política, Luiz Inácio Lula Da Silva.

Con fama de mujer de temperamento, economista, militante política, era conocida por la juventud del PT como “Corazón Valiente”.

Apuesta política de Lula hace cuatro años, Dilma Vana Rousseff Linhares asumió la candidatura a la presidencia después de haber ocupado los ministerios de Minas y Energía y de la Presidencia durante los ocho años de gobierno de su padrino político.

Hija de un inmigrante búlgaro y de una docente brasileña, Rousseff se convirtió, después de 35 hombres que la precedieron en el cargo, en la primera mujer en gobernar el mayor país latinoamericano.

Llamada también “Dama de Hierro” por su fuerte carácter, Rousseff pudo convivir con el peso político dejado por su antecesor, para una mayoría el líder más carismático de la historia reciente del país.

Su llegada a la gestión estuvo precedida por una juventud de militante política. Educada en colegio con idearios católicos, a los 16 años pasó a incorporarse a una organización trotskista y más tarde formó parte de la Vanguardia Armada Revolucionaria Palmares, que combatió contra la dictadura militar que tomó el poder en el país en 1964. Fue capturada, soportó tres años de encarcelamiento y fue sometida a torturas físicas y psicológicas.

En su gestión, la hincha del club Atlético Mineiro de Belo Horizonte -su ciudad natal- y del Internacional de Porto Alegre -su cuna política- superó exitosamente retos económicos como la desaceleración del crecimiento, que pasó de 7,5% en 2010, el año anterior al inicio de su mandato, a una tasa inferior a 1 por ciento proyectada para 2014 y logró también bajas en los índices de pobreza, indigencia y trabajo infantil.

Consiguió la reelección en octubre de 2014 y asumió su segundo período de gobierno a principios de 2015.

Detrás de esa mujer con imagen de gobernante “dura” hay otra que se recuperó de un cáncer en el sistema linfático, y una abuela dulce cuando está con su único nieto, Gabriel, de cuatro años, jugando en los jardines del Palacio de la Alvorada o en Porto Alegre, donde vive su hija.

O una mujer con espíritu de aventurera que se “libera” a bordo de la emblemática moto Harley-Davidson como indica la prensa local, que sale a veces a escondidas para pasear por la noche de Brasilia.

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