Marc lleva cuatro años viviendo de manera autosuficiente en una finca abandonada en Cataluña. Tras dejar la ciudad, el joven escalador llegó a un acuerdo con la administración pública para habitar las tierras como usufructuario, mantener limpio el terreno de ruinas históricas y cultivar sus propios alimentos en medio de la montaña.
La finca, situada en un antiguo pueblo de molinos de papel en Cataluña, albergaba las ruinas de una construcción del siglo XVIII y una vivienda destruida por la caída de un pino durante una tormenta. Como escalador habitual de la zona, Marc conocía al anterior usufructuario del terreno. Al quedar el lugar vacante, acordó con la administración local hacerse cargo de las tierras para acondicionarlas, reparar la casa con su propio trabajo y reactivar la producción agrícola.
¿De dónde saca el agua y la energía para vivir en la montaña?
El acceso al agua constituye el elemento clave para la viabilidad de la vida en la montaña. La propiedad dispone de una balsa y de una fuente natural que abastece de manera continua a la vivienda y a las zonas de cultivo. Pese a la sequía recurrente que afecta a la región catalana, la vertiente mantiene un flujo constante durante todas las estaciones del año. Sobre este recurso estratégico, Marc afirma: "Aunque haya sequía en Cataluña, no ha dejado de manar; cada año baja el mismo caudal de agua".
La cotidianeidad en la finca requiere resolver las necesidades básicas de luz y cocina sin servicios de red convencionales. Para iluminar la vivienda, Marc adquiere tiras de luz LED por plataformas de venta en línea y las adhiere mediante imanes al techo de chapa de la casa, alimentándolas con baterías portátiles. La preparación de los alimentos se realiza mediante un anafe de campamento, complementando la dieta con frutas y hortalizas cosechadas directamente en sus huertos.
¿Cómo planea crear una comunidad de intercambio de servicios?
Si bien el estilo de vida elegido ofrece mayor libertad e independencia, la gestión de la tierra demanda dedicación permanente y aprendizaje constante. Las labores abarcan desde el mantenimiento de las estructuras dañadas hasta la reapertura y limpieza de los canales naturales de riego que alimentan la vegetación y los cultivos de la finca.
Frente al volumen de trabajo que exige el predio, el habitante busca impulsar una red de ayuda mutua con otros pobladores de la zona. "Me gustaría crear una asociación o una comunidad para podernos ayudar en el tema de los intercambios de servicios", sostiene Marc. La propuesta plantea organizar jornadas compartidas para ejecutar tareas complejas, como la apertura del riego, consolidando un esquema de trabajo colaborativo que beneficie a las diferentes iniciativas rurales de la región.