Nelson Mandela fue recordado no sólo como presidente sino como el hombre que no logró dominar un pollo ante una muchacha que le gustaba y como el mejor amigo para recorrer el valle de la muerte.
Nelson Mandela fue recordado no sólo como presidente sino como el hombre que no logró dominar un pollo ante una muchacha que le gustaba y como el mejor amigo para recorrer el valle de la muerte.
Unos 4.500 invitados acudieron al funeral en una carpa de la hacienda de la familia Mandela en Qunu, en cuya tierra descansará ahora.
El féretro entró en el lugar llevado por ocho militares y cubierto con la bandera sudafricana. La foto de Mandela presidía el estrado, con 95 velas a sus pies en forma de media luna.
Dos testimonios emocionaron particularmente a los asistentes. El de su amigo íntimo Ahmed Kathrada, con el que pasó 18 años en Robben Island, y el de su nieta Nani Mandela.
Nani Mandela recordó el lado familiar de su abuelo, “Tat' Mkhulu”, su gracia a la hora de explicar historias, su risa pero también su lado disciplinar. “La gente siempre habla de sus logros pero además era un hombre con el que te divertías mucho y un gran narrador de historias”, dijo Nani.
Una de las anécdotas que más gracia les hacía era cuando fue invitado a cenar a casa de una muchacha que le gustaba pero no sabía usar tenedor y cuchillo, y el pollo saltaba continuamente del plato ante cada una de sus arremetidas.
“Siempre le importó su familia y sus hijos. Les dio medios y eso incluye a su familia extendida, siempre se aseguró de que tuvieran estudios”.
Asimismo, "siempre se aseguraba de que los niños de Qunu tuvieran su fiesta de Navidad", invitándolos a su hacienda y dando a cada uno un regalo. Eran tantos que al final escapaba a sus medios y buscó donantes, evocó Nani.
Una de las lecciones que les enseñó es que “no importa de donde vengas, tienes el potencial para lograrlo todo”, explicó la nieta, agregando que su vida fue un ejemplo de ello: “Mi abuelo iba descalzo a la escuela y llegó a la presidencia”.
Muy emotivo fue el discurso de su gran amigo Kathrada, de 84 años, miembro como él del Congreso Nacional Africano, cuya voz profunda y entrecortada sirvió para recordar al compañero de lucha. “La última vez que vi a Madiba vivo fue cuando lo visité en el hospital. Me embargó una tristeza y emoción abrumadoras y lloré”, narró.
“Me tomó la mano, fue profundamente desgarrador, sacó todas las emociones que llevaba dentro”. “Mi mente”, continuó,”me transportó inmediatamente a la imagen del hombre con el que crecí”.
“Lo vi por primera vez hace 67 años y recuerdo al hombre alto, saludable, fuerte, el boxeador, el preso que podía fácilmente levantar el pico y la pala cuando nosotros no podíamos, el prisionero que hacía ejercicio vigorosamente cada mañana”.