La noche del martes 25 de febrero marcó un antes y un después en el corto ciclo de Fernando Gago al frente de Boca Juniors. La dolorosa e inesperada eliminación en manos de Alianza Lima fue un hito que prácticamente llenó el vaso, ese que se rebalsó en la derrota en el clásico ante River por Liga Profesional.
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Dentro del campo, el entrenador nunca logró encontrar los intérpretes y el nivel necesario para convencer al hincha. Boca no brilló, y pareció depender demasiado de la jerarquía de sus individualidades para acumular esos 9 triunfos en 10 partidos.
En ese lapso, sorprendió la decisión de no utilizar a ciertos futbolistas que pedían pista, relegándolos a un rol secundario. El caso más importante de esto es Miguel Merentiel, que es el delantero que menos jugó y el que más aportó. Para Gago, lejos de ser titular, pasó a ser la tercera opción en ataque. En otros sectores del campo esto se agravó, con la presencia de Frank Fabra, Sergio Romero, Ignacio Miramón, o el propio Edinson Cavani, tapando a juveniles con proyección o jugadores con mejor presente.
Desde lo táctico, Gago cometió el imperdonable error de tirar por la borda todo aquello que construyó post eliminación ante Alianza Lima, y que le había traído cierto alivio. Salió al Monumental con una línea de 5 defensores muy mezquina, y nunca se animó a desarmarla para ir a buscar el empate, haciendo modificaciones nombre por nombre, e inclusive sin agotarlas en su totalidad. El que no arriesga no gana.
En cuanto a lo actitudinal, resulta increíble que el semblante de un entrenador de Boca ante una definición por penales, un arquero que pide un cambio previo a esas ejecuciones, o un gol en contra en un clásico en cancha del rival de toda la vida sea tan anémico, sin alma.
Pérdida de identidad y apatía, los problemas constantes de Boca:
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A matar o morir, decía Blas Giunta. Hoy Boca no hace ni una ni otra
El Gráfico
Saliendo de Fernando Gago, da la sensación de que el problema que atraviesa Boca es el mismo que viene padeciendo hace rato: la pérdida de la identidad que lo llevó a ser uno de los clubes más importantes del mundo.
Hace rato que el Xeneize abandonó su impronta de equipo aguerrido, con entrega, ímpetu y presión alta. En Boca podía no aparecer el buen juego, pero nunca se perdía el sacrificio. Sin embargo, en los últimos años se suceden los técnicos y jugadores con cierta apatía, que no respetan esa línea histórica.
En Brandsen 805 ya no se ven los Giunta, Márcico, Manteca Martínez, Cabañas, Bermúdez o Serna. La globalización del fútbol y la búsqueda constante de los equipos vistosos chocan con ese recuerdo imborrable. Esto se refleja en la búsqueda de referentes totalmente ajenos a la institución. Sergio Romero, Frank Fabra, Edinson Cavani, Ander Herrera, o Luis Advíncula, futbolistas que no sólo no condicen con el estilo tradicional, sino que en algunos casos parecen haber llegado de turismo y no para coronarse de gloria.
Por eso mismo, da la sensación de que el camino que debe recorrer Boca es el de recuperar sus raíces. Deberá encontrar un técnico que se adapte a ese estilo que enorgullece al hincha, y que se anime a hacer el recambio de un plantel que está lejos de alcanzar esa vara.