Kevin Thomas, un electricista sin formación en ingeniería, logró lo que parecía imposible: reconstruir un coche de Fórmula 1 funcional en el cobertizo de su casa. Tras comprar un chasis accidentado del equipo Caterham en una subasta, dedicó diez años a rastrear piezas originales por todo el mundo para ponerlo nuevamente en pista.
La historia de este vehículo comenzó con un violento choque en el Gran Premio de Hungría de 2014, cuando Marcus Ericsson perdió el control de su Caterham CT05. El monocasco quedó tan dañado que el equipo, entonces en quiebra, lo abandonó en un rincón antes de que Thomas lo adquiriera por menos de 5.000 libras.
El desafío de conseguir piezas originales para un F1 de descarte
Armar el coche fue como resolver un rompecabezas cuyas piezas estaban dispersas globalmente y no estaban a la venta. Thomas rastreó componentes específicos, como un volante original encontrado en Australia que le costó 10.000 libras, y adaptó piezas de suspensión y carrocería de antiguos modelos de Williams y Benetton.
Uno de los mayores obstáculos fue la unidad de potencia. Al consultar a Renault por el motor original, le informaron que el alquiler costaba dos millones de euros por trimestre. Ante la imposibilidad de pagar esas cifras, Thomas optó por un motor V6 de 3.5 litros de un antiguo Formula Renault, que ofrece 480 caballos de fuerza y es mecánicamente más sencillo de mantener.
Para la fase final del proyecto, Thomas buscó el apoyo de especialistas en coches de carreras para fabricar un mazo de cables a medida y asegurar la puesta en servicio mecánica. El costo total de la hazaña ronda las 150.000 libras, una cifra considerable pero muy inferior a los 800.000 que costaría comprar un F1 operativo de esa época.
Un monoplaza auténtico que vuelve a rodar ante el público
El resultado es un monoplaza auténtico que ya ha realizado sus primeras pruebas de rodaje a baja velocidad. El objetivo de Thomas no es el coleccionismo privado, sino permitir que el público pueda ver y tocar una pieza de ingeniería que estuvo a punto de desaparecer, devolviéndole la dignidad que merece un coche de Gran Premio.