18 de junio de 2026 - 20:18

José Luis Menéndez: jornalero de la palabra

El reconocido poeta, narrador y ensayista vuelve a la publicación con el libro Nos queda la palabra, un canto de amor a esa herramienta indispensable para comunicar la poesía en todas sus formas, es decir, la vida misma.

Según los fríos documentos, José Luis Menéndez es contador público, está casado y tiene cuatro hijos. Pero antes y después, es un escritor con todas las letras. Aunque en su partida de nacimiento figure como bonaerense, lo cierto es que a esta altura puede jactarse de ser más mendocino que el Cerro de la Gloria.

Fruto de su incansable andar por las letras, puede acreditar títulos como Reunión con Poe, Defensa del diablo, El amor vence al odio, Tatuajes interiores, Orfeo en la ciudad, Cómo leer un poema y Acto de fe, entre otros. Y ahora retorna con Nos queda la palabra, un canto de amor a la susodicha y a la poesía como herramienta indispensable y amoroso canal para el esperado encuentro de autor y lector.

José Luis Menéndez - Nos queda la palabra
Nos queda la palabra, libro de José Luis Menéndez.

Nos queda la palabra, libro de José Luis Menéndez.

En un universo literario que muchas veces se engolosina con los pedestales, Menéndez elige la intemperie del viñedo. No busca el bronce ni el reconocimiento del virtuoso; prefiere definirse desde el llano, allí donde el trabajo es rústico, constante y compartido.

“Me ubico como un simple aprendiz, un amanuense de milagros ajenos”, apunta el escritor, desmarcándose de inmediato de las etiquetas grandilocuentes. “No como el eximio enólogo que hace un vino exquisito, sino como uno de esos hombres que desbrozan la tierra, los que riegan, los que podan las viñas, los que guardan las uvas en los tachos. Ojalá, un jornalero de las palabras”.

Esa analogía con el trabajo de la tierra no es casual. Para Menéndez, la materia prima con la que trabaja no le pertenece a una élite, sino que constituye el tejido más profundo de la experiencia humana. Al indagar sobre la naturaleza de su oficio, se pregunta: “¿Qué son las palabras? Aunque usurpadas por unos pocos que las abusan para servir a su codicia, son joyas deslumbrantes”.

En su visión, el lenguaje rescata su valor cuando vuelve al origen de la comunidad: “Debidamente puestas y transmitidas, las palabras fueron la primera herramienta de la vida social, y ahora mismo, siguen siendo las últimas. Son la única riqueza inalienable que tenemos todos. Hasta los reos en una prisión, o en un país que se les niega, pueden volar con ellas”.

El libro de José Luis Menéndez: Huellas que no tienen fin

Esa condición democrática y universal del lenguaje es, al mismo tiempo, un puente directo hacia la memoria colectiva y la tradición literaria. Para el autor, escribir es también aprender a mirar hacia atrás para entender el presente. Las palabras, asegura, “permiten que el más humilde servidor tenga acceso a fuentes magistrales. Solo mirar en los cielos del tiempo y están allí, se muestran cada noche, como luces eternas, alumbrando las huellas de otro mundo. Vienen de Homero, de Cervantes, de Whitman, pero nunca se van a terminar”.

José Luis Menéndez
El poeta José Luis Menéndez.

El poeta José Luis Menéndez.

Es en ese firmamento donde el autor de Viene luz de Macondo recorta las coordenadas para dar forma a su proyecto más reciente, un trabajo que define con pudor como un “pequeño atrevimiento propio”. En este camino, el faro principal ha sido la poética de Blas de Otero, aunque no ha estado solo en el trayecto. El propio autor se encarga de destacar, hacia el final de su obra, a la constelación de voces que custodiaron su escritura.

Entre esos faros fundamentales aparece Frantz Fanon, “por decirnos ‘que nunca pierda la curiosidad’”, y el indispensable Germán Oesterheld, recordado por el autor “por historiar ‘que nadie se salva solo’”, una máxima que resuena con fuerza en los tiempos actuales. También habita en sus páginas el eco trágico y vital de Miguel Hernández, de quien Menéndez señala que, “justamente por haberla perdido, esplendió las luces de la libertad: ‘Donde unas cuencas vacías amanezcan —nos dijo—, ella pondrá dos piedras de futura mirada’”.

El mapa de influencias y gratitudes se completa con Olga Tokarczuk, la escritora polaca y Premio Nobel de Literatura en 2018, a quien el autor reivindica por haber sabido “revelar misterios con el punzón de la ternura”.

Con esa herencia a las espaldas y las manos dispuestas al trabajo diario, José Luis Menéndez sigue desbrozando su propio territorio, demostrando que la literatura, antes que un lujo, es el último refugio de nuestra libertad.

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