Un titular, una noticia de un país al otro lado del "charco", puede ser materia para la creación si cae en las manos de un escritor. Y más si se trata de un escritor inquieto, también él periodista, como Andrés Cáceres.
El escritor y experiodista de Los Andes presenta el martes 7 de abril su nueva novela, Mano a mano, que cuenta un trágico y violento asesinato. Se inspiró en el titular de un diario y tiene escenas de gran violencia.
Un titular, una noticia de un país al otro lado del "charco", puede ser materia para la creación si cae en las manos de un escritor. Y más si se trata de un escritor inquieto, también él periodista, como Andrés Cáceres.
El mendocino, experiodista de Los Andes, crítico de arte y autor de libros de poemas, ensayos y novelas, se cruzó un día con el título de una nota que publicaba el diario El País de Madrid y se dio cuenta de que había allí una invitación a escribir una historia. Esa chispa se convirtió en una llama y esta llama se titula Mano a mano, una novela "basada en hechos reales" que edita Leo Libros y se presenta este martes 7 de abril de 2026, a las 20, en La Bancaria (España 1234, Ciudad).
La novela, que comienza con una impactante carta suicida y confesional de uno de los personajes, tiene otro atractivo: está ilustrada por el plástico mendocino Andrés Casciani.
Para hablar de su libro, de los pormenores de su escritura y del mensaje que sobrevuela la historia, hablamos con Andrés Cáceres y en la charla fluyen sus obsesiones, sus preocupaciones y también una reflexión frontal de su papel como escritor en el paisaje literario actual.
—¿De qué se trata Mano a mano y qué te llevó a escribirla?
—Me mueven el amor, la justicia y ese dolor sangrante que es la impunidad. En la novela hay violencia, venganza, tortura y trascendencia.
—La novela se presenta como "basada en hechos reales". ¿Cómo fue transformar esa materia prima de violencia y tragedia en una ficción?
—En Madrid, hace años, no sé si en el diario El País o una revista de casos policiales, leí un título que se me quedó, pensando en escribir al respecto: "Venganza de venganza". Imaginé los personajes y les di carnadura.
—A lo largo de los capítulos "Otras violencias" y "La violación", se percibe un sistema que no sólo no protege, sino que revictimiza. ¿Buscabas que la novela fuera una denuncia sobre la desprotección civil y judicial que se vive actualmente?
—Ubiqué la acción en Mendoza, justamente, para poner de relieve una buena parte de delitos que no son investigados y permiten que, de algún modo, se tome la justicia por mano propia.
—El libro inicia con una carta de un padre a su hijo. ¿Por qué elegiste este tono de confesión íntima para articular una historia que, por momentos, alcanza niveles de violencia muy fuertes?
—La carta de Leo, el padre, a su hijo Adolfo, es la posible justificación de su crimen. Esto ocurre al final, de modo que la novela no es lineal. La violencia explícita, en la ficción, me parece, da la posibilidad de una catarsis. Si logro indignar con esto al lector, se habrá cumplido en parte el cometido de la novela.
—Últimamente ha aumentado tu producción literaria y se ha abierto hacia muchos géneros. La poesía, que es lo primero que te conocimos, el ensayo, la semblanza de artistas (por ejemplo, Delhez), la novela basada en hechos reales, etc. ¿Cómo te describís a vos mismo en cuanto a escritor?
—Llegué muy tarde a la literatura. En mi casa, salvo los libros de texto, no había un cuadro, un disco ni un puto libro. Yo era el solista del coro del colegio San Luis Gonzaga y mi primera vocación fue el canto. Hice un año de piano, pero entre el trabajo (desde los 12 años) y la Facultad de Filosofía y Letras, no me quedaba tiempo. Cuando se comprometió mi hermana mayor, hice de DJ. Le pedí un grabador y discos a un vecino y puse foxtrot, boleros, pasodobles, tangos... La música melódica me podía, pero esperaba más. El colegio cambió de director. Llegó un cura joven que escuchaba música clásica, y en los recreos, muy bajito, la pasaba al altoparlante del patio. Yo interrumpí mis juegos y me pegué a la pared para escuchar. Me costó mucho volver a encontrarme con esa maravilla, hasta que di con El Concierto del Mediodía de Radio Nacional. Tenía 13 años. Como trabajaba en el puesto de la Feria de Guaymallén con mi padre, empecé a disponer de dinero y me compré un Winco y varios long plays. Mi gusto por la plástica comenzó con la colección de la Pinacoteca de los Genios de Codex, y bastante años después, al jubilarse el doctor Guillermo Petra Sierralta (que hacía los comentarios de artes plásticas en Los Andes), Antonio Di Benedetto me tiró a los leones. Te diría que soy un escritor a la fuerza. En el arte me gusta establecer un puente entre la obra y el espectador. Lo hago desde un punto de vista antropológico. La poesía me nace cuando escucho música. Escucho a Erik Satie, por ejemplo, y quisiera que algún verso tocara esa magia que me hace sentir que todo está bien.
—¿Cómo ves el panorama artístico en general de Mendoza? Tu mirada puede darnos un panorama tanto de las artes plásticas como de la literatura...
—Mendoza tiene un plantel de artistas plásticos para hacer dulce. Varios, reconocidos a nivel nacional e internacional, si es que tal cosa sirve de verdad. Hay estímulos, pocos, y lo que hace falta es que el arte sea considerado una inversión. Cuando vi la Casa de Sorrolla en Madrid, comprendí por qué los europeos tienen tanto turismo cultural. ¿Dónde están las casas de Azzoni, Abal, Subirats, Ducmelic, Eliana Molinelli, Selva Vega, Enrique Sobisch, por mencionar a los que recuerdo en este momento? En música, ahora se acordaron de Tito Francia, pero tenemos otros nombres sobresalientes. ¿No debería, al menos la Orquesta Filarmónica de la Provincia, incluir, en cada concierto, una pieza de autor local? En Literatura estamos gozando de, por lo menos, la edición de nuestros autores. No es suficiente. Es un primer paso. Los entes culturales oficiales deberían disponer de un fondo para publicitar el libro mendocino, y no gastarse todo, o casi todo, en la Fiesta de la Vendimia.
La presentación de Mano a mano, de Andrés Cáceres, será el martes 7 de abril a las 20 en la Bancaria Mendoza (Av. España 1234, Ciudad). Actuará el trío En Orsai: Rodrigo Cáceres en bandoneón y clarinete, Federico Lenarduzzi en guitarra y Félix Millán en bajo. Habrá vino y empanadas.
Tengo, desde siempre, esa antinomia (quiero creer, es común a muchos escritores) de cómo me veo y cómo me gustaría ser. Borges decía escribir para él, para sus amigos y para mitigar el tiempo. Yo escribo para todos, sin pensar en un grupo especial de lectores. De lo contrario, no publicaría. De todos modos, soy más lector que escritor. Escribir requiere concentración, fuerza de voluntad e inspiración. En cambio, leer es la gran satisfacción de disfrutar del esfuerzo del otro, y si te da gran satisfacción, te enamorás del autor y lo reverenciás. Soy consciente de que habré de figurar en diccionarios futuros, como un autor de ficciones de tercera línea. Es suficiente.