18 de septiembre de 2026 - 13:54

Eduardo Levy Yeyati: "Cuando escribo ficción, elijo dejar afuera al economista"

Estuvo en Mendoza para presentar su novela Subsuelo, y en el marco de esa visita también habló con Los Andes sobre la economía argentina en año electoral.

Economista y escritor, Eduardo Levy Yeyati estuvo en Mendoza para presentar Subsuelo, su cuarta novela, ambientada en el Buenos Aires convulsionado de diciembre de 2001. La historia sigue a Rusita, una hija de inmigrantes judíos que regresa a una ciudad que le resulta extraña, mientras busca a un documentalista portugués que tal vez nunca existió, en una trama atravesada por túneles, rituales jesuíticos y la figura del doble.

En esta charla con Los Andes, Levy Yeyati cuenta cómo surgió la novela, por qué elige separar tajantemente al economista del narrador, y qué piensa sobre el futuro del trabajo frente al avance de la inteligencia artificial.

Una historia de terror

—¿Cómo surge la idea central para esta nueva novela?

—Originalmente la idea era escribir una novela de terror. Una novela de terror moderno, algo que se ha puesto muy de moda en los últimos 10 años, pero que, en 2006 o 2005 (cuando yo empecé a escribirla), todavía no estaba tan en el candelero. La mayoría de mis novelas parten de estructuras de género, el noir, el thriller erótico, y en este caso una novela de terror, y trato de darle una vuelta. Me gusta mucho la literatura de género, porque tiene una serie de convenciones que delimitan un parámetro de los diferentes registros, y poder, en algún momento, distorsionarlas o introducir algo que sorprende dentro de esos parámetros. Por el otro lado, había dos temas que me interesaban mucho, uno en particular muy incómodo u ominoso, que es el tema del doble. La novela está atravesada por la figura de la lobotomía. En mi juventud, pasé por las aulas de la psicología, y me quedaron algunas inquietudes sobre el tema de salud mental, y estudié bastante cómo se sentían los sobrevivientes de las lobotomías, y lo que ellos contaban era que se sentían raros, como si fueran las mismas personas de antes de la intervención, pero que les faltaba algo que les costaba mucho identificar. Eso me resonaba en la imagen del doble, algo que se parece mucho a nosotros, pero de maneras imperceptibles notamos que no somos nosotros mismos. Juntando la idea de la novela de terror y esta suerte de dobles, que son gran parte de los personajes de Subsuelo, me lancé a escribir. Tomo una premisa, una idea original, y después dejo volar los personajes, se armó la arquitectura a partir de eso.

—El personaje principal es Rusita, que no tiene nombre propio. ¿Por qué esa elección?

—Está muy claro en la novela que es un personaje hija de inmigrantes judíos durante la dictadura en Argentina, que luego los padres quedan en Nueva York, en Manhattan. Ella regresa tardíamente a una ciudad que supuestamente es la suya, pero que resulta extraña, porque ha estado toda su vida memorable en otro país. Entonces hay una sensación de extrañamiento, vuelve a una ciudad que querría que fuera propia, pero la ve distante. Como no hay nombre para ese personaje, que cuenta todo en primera persona y por lo tanto no se autonombra, queda la idea de la Rusita, porque así es como algunos de los otros personajes se refieren a ella. Pero es un personaje que quiere permanecer anónimo durante toda la novela.

Portada de Subsuelo, la novela de Eduardo Levy Yeyati

Portada de Subsuelo, la novela de Eduardo Levy Yeyati

En medio de la crisis de 2001

—La novela está ambientada en 2001. ¿Cómo aparece ese Buenos Aires convulsionado por la crisis económica?

—Es una descripción cuasirrealista que va apareciendo en un segundo plano borroso al principio de la novela, y se va volviendo más y más precisa, y se va acercando al primer plano a medida que avanza la novela, hasta que, al final, confluye con el clímax de la historia del terror y de la búsqueda que hace la protagonista, con la gran manifestación de diciembre, el clímax de la crisis de la convertibilidad. Se juntan en el mismo lugar, Plaza de los Congresos, y hay un final exageradamente climático, donde las dos novenas confluyen. Es como si el segundo plano de la realidad, un poco exacerbada, se vaya acercando y, como una imagen cinematográfica, de pronto los dos planos confluyen y ves las dos historias en paralelo.

—Cuando escribís, ¿cuánto hay del economista y cuánto del escritor?

—La respuesta es nada, por un lado, en la ficción, pero sí es cierto que en alguna medida es complementario, precisamente porque no hay nada de la otra. Cuando miro desde el punto de vista de la ficción, me sale naturalmente eludir el realismo, lo testimonial. Entonces, aun en el caso de describir la realidad triste, oprimente o angustiante de los últimos meses del 2001, lo hago estrictamente desde el punto de vista de la ficción. De alguna forma complementa lo que sería mi racconto de ese período, que está en un ensayo que yo escribí hace muchos años, que se llama La resurrección. No hay ni un solape, no trato de idealizar la economía ni de poner mi personaje de economista dentro de la visión del narrador. Lo que no puedo decir como ensayista, porque tenés que atenerte a la realidad y a la rigurosidad de los datos, me puedo tomar todas las libertades de decirlo como autor de ficción.

El economista Eduardo Levy Yeyati presentó en Mendoza su novela

El economista Eduardo Levy Yeyati presentó en Mendoza su novela "Subsuelo".

—Tus personajes viven la economía desde la emoción o desde el impacto personal...

—Exactamente, todo eso que no debería entrar en un racconto profesional, de historia económica o de análisis económico, porque ahí se tienen que atender los hechos, puedo darles rienda suelta a mis protagonistas en la parte de ficción. Lo mismo pasó con un libro que escribí hace casi 10 años que se llamaba Después del trabajo, sobre el fin del trabajo, y una novela que se llamó El juego de la mancha, donde la premisa era un mundo en donde la gente no trabajaba, cobraba un cheque. La novela es ficción distópica, el ensayo era supuestamente un ensayo económico basado en evidencia. Las dos se complementaban, de hecho llegué a presentarlas juntas, con un escritor comentando la novela y un economista comentando el libro.

—Elon Musk dijo en una entrevista con The Economist que la inteligencia artificial va a trabajar por nosotros y que los humanos vamos a dejar de trabajar. ¿Qué pensás de eso desde lo económico?

—Todavía la irrupción de la inteligencia artificial ha ocurrido mucho más en nuestra fantasía y en nuestro imaginario que en la adopción pura y genuina. Y es por eso que todavía no vemos el impacto tan temido sobre el mundo laboral, sobre los empleos. Pero eso no indica que no vaya a ocurrir, simplemente que la adopción es mucho más lenta de lo que aparece en el timeline del tecnólogo. El tecnólogo solo se pregunta si la tecnología puede hacer una tarea, pero de ahí a la adopción implica que tenga que haber una regulación respaldatoria, una empresa que invierta en la nueva tecnología y una aceptación del público. Todavía estamos lejos de eso. Lo que va a pasar a futuro depende mucho de lo que hagamos ahora, en el presente, porque sí creo que va a haber menos horas trabajadas remuneradas, que no es lo mismo que menos trabajo. Hay mucho trabajo no remunerado. Nosotros vamos a tener menos horas remuneradas, hay que resolver cómo distribuimos el ingreso. Hasta ahora lo hacíamos con salario y algo de transferencias fiscales. En el futuro va a haber menos salario, menos honorarios, menos pagos por el trabajo. Hay que ver cómo hacemos para que no quede toda la riqueza concentrada en las manos de pocos ricos, que consumen poco, porque los ricos consumen una proporción menor de su ingreso.

—¿Y si resolvemos el problema económico, no nos vamos a aburrir o deprimir por no trabajar?

—Yo creo que no, yo creo que ese cableado que tenemos alrededor del trabajo es parte del sistema, es endógeno al sistema. No te olvides que el calvinismo, el protestantismo, introducía el trabajo como parte de los designios de Dios. No necesariamente es así, no siempre fue así. A mí me define, pero a mis hijas las define menos, y a mis nietos y nietas posiblemente las va a definir aún menos. La cultura cambia, y la cultura es endógena a las condiciones del sistema de producción. Si el sistema de producción cambia, si yo cuento con algún ingreso que no necesariamente esté atado a mi trabajo, muy probablemente la cultura evolucione y se adapte a esa situación, y de pronto volvamos a ser más parecidos a los filósofos griegos, dedicados a la vida contemplativa. Pero esto es muy especulativo, hablar del futuro siempre es complicado.

Subsuelo ya está presentada. ¿Qué estás craneando ahora?

—Yo estoy todo el tiempo escribiendo. Tengo un libro de cuentos que tengo que pulir después de este ciclo con Subsuelo. Tengo un guion que escribí hace muchos años con la idea de que se filmara, pero filmar es cada vez más difícil, así que ahí está dando vueltas, y lo había empezado a novelar. Y viceversa, estoy escribiendo con un amigo que sabe más de guion que yo, el guion de Subsuelo, para ver si podemos convertirlo en una película. Hay muchas cosas dando vueltas. Tengo mucho trabajo y tengo que encontrar los intersticios donde anotar la literatura dentro de mi trabajo, pero para mí la literatura es fundamental, y nunca voy a dejar de escribir. Entonces, al menos lentamente, alguno de estos proyectos va a avanzar.

Estabilidad económica y crecimiento ¿Un escenario posible?

En el marco de su paso por Mendoza para presentar su novela Subsuelo, también hablamos sobre economía con Levy Yeyati. El economista planteó que el diagnóstico no puede limitarse a la coyuntura local, sino que responde a un problema regional.

Según explicó, Latinoamérica atraviesa "un problema de crecimiento, de baja productividad", del que solo escapan los países que partían de niveles de ingreso más bajos, como Chile, Perú, República Dominicana y, todavía, Paraguay. En cambio, advirtió que las economías grandes de la región, Brasil, México, Colombia, Uruguay y la propia Argentina, "tienen problemas de crecimiento" que les dificulta alcanzar niveles que favorezcan la inclusión social y den espacio político para las reformas.

Para Levy Yeyati, la Argentina de hoy ya atravesó la etapa de estabilización y ahora enfrenta el desafío de crecer. Ahí marcó una diferencia con parte del consenso económico, ya que mientras hay economistas que sostienen que la estabilización y la liberación de "los espíritus animales privados" alcanza para reactivar la economía, él fue categórico: "Eso en la historia no ha probado ser suficiente".

Y agregó que no abundan los casos en que la estabilidad dispara el crecimiento de manera espontánea, sino que hacen falta políticas orientadoras o facilitadoras.

El economista aclaró que no habla de un regreso al Estado empresario, sino de un rol de acompañamiento, dando orientación a las empresas y preservando su capital y su know-how, incluso reconvirtiéndolas cuando sea necesario. Todo dependerá, dijo, de si el Gobierno decide adoptar ese tipo de política o prefiere esperar que el crecimiento llegue por sí solo.

Consultado puntualmente por la crisis de la industria local, Levy Yeyati expresó su preocupación por partida doble. Por un lado, porque la pérdida de empleo no es solo una cuestión de puestos de trabajo, sino de degradación de capital humano, ya que quien es despedido de un trabajo calificado, explicó, termina precarizándose, manejando un Uber, abriendo un quiosco, y perdiendo así años de experiencia acumulada. Por otro lado, alertó sobre la pérdida del know-how empresario cuando una compañía quiebra o pasa directamente a importar lo que antes producía.

"Esa capacidad empresaria de producción yo prefiero preservarla, aunque sea para otras cosas", sostuvo, y remarcó que ambos fenómenos, el laboral y el productivo, agravan un mecanismo de distribución del ingreso que, a su juicio, ya viene fallando.

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