No vamos a decir nada nuevo al comentar que, por Felipe Pigna, son muchos los argentinos que conocen su propia historia como nación. La tarea del historiador, en su afán de difundir la Historia (aun a costa de abandonar el academicismo en pos de llegar a más público) lo han convertido en uno de los autores y difusores más reconocidos.
Esa tarea la demuestra en todos los ámbitos a los que se aplica: sus exitosos libros (el último es 76: Una crónica del año que cambió nuestra historia para siempre), sus charlas, sus programas televisivos y espectáculos como el que trae el próximo sábado al teatro Plaza (Colón 27 de Godoy Cruz). Se trata de Nuevas historias argentinas, esa especie de “charlas de living” en el que comparte cartel con el escritor y guionista Pedro Saborido, el mismo de Peter Capusotto y sus videos.
Felipe Pigna y Pedro Saborido presentan el espectáculo Nuevas historias argentinas.
El espectáculo “tiene drama, humor, tragedia, absurdo y escándalos”, como describe el propio Pigna, y eso ha permitido que resulte tan atractivo y exitoso en las funciones que la dupla viene realizando desde hace mucho tiempo.
Antes de esta presentación en el Plaza (con entradas disponibles en Entradaweb.com.ar y boletería del teatro, de lunes a viernes de 9 a 14), el historiador habló con Los Andes y compartió su manera de ver la historia y su importancia crucial para sobrevivir en el presente.
Pigna y Saborido en una conversación sobre la historia
—¿Qué ofrece Nuevas historias argentinas y cómo es, para quien no lo conoce, la dinámica del espectáculo?
—Es un espectáculo completamente nuevo, con nuevas historias, nuevos personajes y nuevos temas. Con Pedro venimos comprobando algo que, en realidad, ya sabíamos: que la historia argentina tiene de todo. Tiene drama, humor, tragedia, absurdo, escándalos, grandes personajes y situaciones que, si no hubieran ocurrido realmente, parecerían inventadas. La dinámica es una conversación entre nosotros dos. No es una clase de historia ni una conferencia. Partimos de hechos y personajes históricos y a partir de ahí conversamos, discutimos, nos desviamos, hacemos asociaciones con el presente. Pedro tiene una capacidad extraordinaria para encontrar el costado humano y absurdo de las cosas y eso hace que cada función tenga también algo único.
—¿Qué te parece que aporta cada uno de ustedes a la conversación? ¿El historiador se restringe a los hechos y el guionista se dedica a comentarlos o esos límites están más difusos?
—Están absolutamente difusos. Yo aporto, naturalmente, la investigación histórica, los documentos, los hechos, el contexto. Pero también opino, hago humor y me meto en los terrenos de Pedro. Y Pedro, que es una persona muy formada y muy interesada por la historia argentina, no está simplemente esperando que yo termine de contar un hecho para hacer un chiste. Él hace preguntas, propone interpretaciones y encuentra relaciones extraordinarias entre cosas que aparentemente no tienen nada que ver. Y muchas veces una observación de Pedro sobre un personaje histórico termina siendo una manera muy interesante de comprenderlo. Creo que ahí está buena parte de la gracia del espectáculo: ninguno queda encerrado en su supuesto rol.
—A pesar de que el estudio académico de la historia pareciera restringido a sus círculos de especialistas, la historia tal como la difundís vos genera un gran impacto. ¿A qué responde ese interés y cuál es el valor ciudadano de que persista?
—Creo que hay una necesidad enorme de entender de dónde venimos para poder comprender lo que nos pasa. La historia no es una acumulación de fechas, batallas y nombres de próceres. La historia habla de nosotros. Muchas de las discusiones que tenemos hoy en la Argentina tienen antecedentes muy profundos. La desigualdad, la distribución de la riqueza, el federalismo, la relación con las potencias extranjeras, el papel del Estado, la educación, los derechos sociales. Nada de eso empezó ayer. Por eso me parece muy importante que la historia salga de los ámbitos exclusivamente académicos. Eso no significa perder rigurosidad. Al contrario: el desafío es ser riguroso y, al mismo tiempo, poder comunicar. Y hay además un valor ciudadano fundamental. Una sociedad que conoce su historia tiene más herramientas para discutir su presente y para decidir su futuro. La memoria histórica también es una forma de ciudadanía.
Hablar de historia en una provincia sanmartiniana
—Que se haga el espectáculo en Mendoza, una provincia autopercibida como “sanmartiniana”, ¿los invita a hablar especialmente de San Martín?
—Mendoza y San Martín son inseparables. Y es muy interesante porque cuando uno logra sacar a San Martín del bronce aparece un personaje todavía más extraordinario. A mí siempre me interesa recordar que el Cruce de los Andes no fue solamente una hazaña militar. Fue una enorme operación política, económica y logística. San Martín tuvo que organizar una sociedad para llevar adelante ese proyecto. Y Mendoza fue fundamental. También hay un San Martín político que muchas veces queda relegado frente al militar. Un hombre con posiciones muy claras sobre la independencia, sobre la soberanía y sobre cuál debía ser el destino de América. Siempre hay algo nuevo para decir de San Martín porque siguen apareciendo documentos, nuevas miradas y nuevas preguntas. Pero, sobre todo, porque cada generación vuelve a interrogar a sus grandes personajes desde su propio presente.
Felipe Pigna y Pedro Saborido presentan el espectáculo Nuevas historias argentinas.
—¿Cómo reciben los asistentes el espectáculo?
—Hay algo que para nosotros es muy lindo de este espectáculo y es lo que ocurre con el público. La gente viene a divertirse, pero también se va hablando de historia. Se queda discutiendo un personaje, un hecho, una idea. Con Pedro nos interesa justamente eso: mostrar que la historia no está muerta ni guardada en un manual. Está permanentemente dialogando con el presente. Y hacerlo en Mendoza tiene además un significado especial. Es una provincia absolutamente central para nuestra historia y para uno de los acontecimientos más extraordinarios de la historia americana. Así que estamos muy felices de volver y de encontrarnos con el público mendocino.
—Fuera de este espectáculo, ¿qué otros proyectos estás preparando? ¿Algún libro, por ejemplo?
—Estoy siempre trabajando en nuevos proyectos vinculados con la historia y la divulgación, investigando y escribiendo. Hay proyectos editoriales en marcha y también mucho trabajo audiovisual. Y, por supuesto, está esta gira con Pedro, que nos está dando enormes alegrías. Poder recorrer el país hablando de historia y encontrarnos con públicos de distintas generaciones es algo muy estimulante.
Malvinas, un reclamo siempre presente
—El tema Malvinas está nuevamente en el tapete internacional luego de los anuncios de Milei y de la bandera que vio medio planeta en el partido Argentina-Inglaterra. ¿Cuál es tu mirada al respecto?
—Malvinas es una causa nacional que excede ampliamente a cualquier gobierno. Hay que separar claramente la legítima reivindicación argentina de soberanía de la utilización que hizo la dictadura en 1982. La Argentina tiene derechos históricos y jurídicos sobre las islas y existe además una larga tradición diplomática alrededor del reclamo. Creo que ese camino debe sostenerse con firmeza, inteligencia y diplomacia. Y hay algo muy importante: Malvinas forma parte de nuestra memoria colectiva. Por eso aparece en una cancha de fútbol, en una canción, en una bandera o en una conversación entre generaciones. No es solamente una cuestión territorial. Hay una dimensión afectiva muy profunda, atravesada además por el recuerdo y el reconocimiento a los combatientes. Creo que cualquier política sobre Malvinas debería partir de algo elemental: la defensa del interés nacional y de nuestros derechos soberanos.