La cultura argentina despide a una de sus figuras más emblemáticas y excluyentes de la dramaturgia y la narrativa: Griselda Gambaro falleció a los 98 años de edad, tan solo dos meses después del deceso de su esposo, Juan Carlos Distéfano, uno de los escultores más destacados del país.
Sus restos serán despedidos en la Casa Malabia, ubicada en Malabia 1662 (Ciudad de Buenos Aires), hasta el mediodía de este miércoles.
La escritora argentina Griselda Gambaro. Foto: Enrique Cervera.
Griselda Gambaro, criada en La Boca
Nacida el 28 de julio de 1928 en el barrio de Barracas, en el corazón de Buenos Aires, creció en el seno de un hogar humilde en La Boca junto a sus padres y cuatro hermanos.
Su padre se desempeñaba como marino y pintor de brocha gorda. En ese contexto donde la subsistencia era prioritaria, se acercó tempranamente a la lectura gracias a los libros que compraba su hermano y a sus visitas a las bibliotecas. Durante su juventud, trabajó como secretaria en la editorial Espasa Calpe y en el club Independiente, reservando los momentos libres para la escritura.
La dramaturga y narradora argentina Griselda Gambaro. Foto: Alejandra López.
Destacada dramaturga y novelista
Su irrupción en el panorama cultural se produjo con el movimiento de la década del 60. En 1963, la publicación de su libro de narrativa Madrigal en ciudad le valió el Premio Fondo Nacional de las Artes. Dos años más tarde, El desatino obtuvo el Premio Emecé y marcó su ingreso a la dramaturgia. Ese mismo año estrenó El matrimonio, bajo la dirección de Oscar Barney Finn. A pesar de los escándalos y las fuertes críticas de la época que rodearon el estreno de El desatino, la autora continuó un prolífico camino teatral con obras fundamentales como Viaje de invierno, Las paredes, Los siameses y El campo. De inicios de los 70 datan títulos como Nada que ver. Sólo un aspecto, Dar la vuelta, Información para extranjeros, Puesta en claro y Sucede lo que pasa.
Durante la última dictadura militar, figuró en las listas negras del régimen y su novela Ganarse la muerte fue prohibida mediante un decreto firmado por Jorge Rafael Videla y Albano Harguindeguy.
Esta persecución la llevó al exilio en Barcelona (España) junto a su esposo. A su regreso a comienzos de los 80, se integró activamente a Teatro Abierto, iniciativa impulsada por Osvaldo Dragún para resistir la represión cultural, donde estrenó Decir sí.
En esa época también presentó obras referenciales como La malasangre, Real enviado y Del sol naciente. Posteriormente, continuó abordando la temática de la dictadura en producciones como Antígona furiosa, La casa sin sosiego y Atando cabos.
A lo largo de su carrera desplegó una gran soltura para reinterpretar a los clásicos, pasando de Shakespeare a Ibsen. En 2013 estrenó Querido Ibsen, soy Nora, y en 2015 presentó El don, escrita para Cristina Banegas, año en que también publicó el libro de ensayos El teatro vulnerable.
Los premios
Gambaro cosechó innumerables distinciones. En 2003 recibió el Premio a la Trayectoria Cultural de la revista Ñ (Clarín) en el marco del Premio Clarín Novela.
En 2005 se convirtió en la primera mujer en realizar el discurso de apertura de la Feria del Libro de Buenos Aires, hito al que se sumó en 2010 la inauguración de la Feria del Libro de Fráncfort. Asimismo, fue distinguida con el Gran Premio de Honor de Argentores, el título de Ciudadana Ilustre de Buenos Aires, los Premios Konex, el Doctorado Honoris Causa en el IUNA y el premio Atahualpa del Cioppo en España.