1 de octubre de 2026 - 11:56

"Borges" y su inminente llegada a las librerías: Daniel Martino, el editor, habló de un libro polémico y mítico

Las conversaciones de Borges y Adolfo Bioy Casares llegan nuevamente a las librerías veinte años después, editados en dos tomos por Emecé.

A veinte años de su primera publicación, "Borges", el monumental libro de Adolfo Bioy Casares sobre su amistad de casi medio siglo con Jorge Luis Borges, vuelve a las librerías en una nueva edición ampliada. El volumen, ahora publicado por Emecé en un estuche de dos tomos, incorpora nuevos materiales y un extenso aparato de índices y referencias que permite recorrer de otras maneras una obra que se convirtió en una pieza fundamental de la literatura argentina.

Cuando el libro apareció por primera vez, a fines de 2006, produjo primero un silencio reverencial y luego una verdadera conmoción entre sus lectores. Sus casi 1600 páginas desplegaban la memoria de una amistad de casi medio siglo y, al mismo tiempo, las intimidades del campo literario argentino, registradas desde el interior por dos de sus protagonistas.

El libro contiene, en ese sentido, dos biografías en espejo. Bioy Casares registró durante décadas, en cuadernos y libretas, sus conversaciones y encuentros con Borges, pero también las visitas de otros escritores e intelectuales, las cenas en el departamento de la calle Posadas, los viajes, los paseos y las estadías en Pardo y Villa Silvina. Incluso quedaron registrados los sueños de Borges.

La nueva edición, que ya está disponible en preventa a $189.000, vuelve sobre ese material y amplía considerablemente el volumen original. Daniel Martino, responsable de la edición y una figura central en la conservación y organización de la obra de Bioy Casares, explica que el trabajo no consistió simplemente en volcar más fragmentos de los diarios.

“Volví sobre todo el material y aparecieron, por una parte, omisiones involuntarias y, por otra, pasajes que Bioy y yo habíamos decidido postergar cuando preparamos la primera versión”, señaló en una entevista con diario Clarín.

Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Foto: Dani Yako

Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Foto: Dani Yako

Martino aclara que "Borges" nunca fue pensado como una transcripción mecánica de los cuadernos. “Desde el comienzo hubo selección, montaje y cotejo, y la ampliación debía respetar esa forma. No sólo se agregaron fragmentos de los diarios; a veces una línea incorporada obligaba a revisar otra entrada o establecer una relación que antes permanecía invisible”, explica.

"Borges": Un libro para volver una y otra vez

Uno de los grandes cambios de esta edición está en sus apéndices. Más de 200 páginas permiten identificar personajes, seguir temas y reconstruir relaciones que atraviesan décadas. El objetivo es que el libro pueda ser leído no sólo como una sucesión cronológica de conversaciones y acontecimientos, sino también como un enorme archivo literario.

“Cada lector termina construyendo su propio camino por el 'Borges'”, dice Martino. “Naturalmente están quienes buscan a una persona, un libro o cierta opinión puntual. Los Apéndices aspiran a identificar personas y contextos, y permiten seguir asuntos que aparecen, desaparecen y vuelven treinta años después, o comprobar cómo cambia una opinión”.

Esa estructura también refuerza una de las características más particulares de la obra: la sensación de estar sentado junto a Borges y Bioy durante sus interminables conversaciones y comidas.

El estilo de diálogo directo contribuye decisivamente a esa impresión. Sin embargo, Martino introduce una advertencia importante: esa sensación de inmediatez no equivale a una grabación literal de los encuentros.

“La impresión de presente proviene del diálogo. Bioy tiene un talento extraordinario para registrar voces”, explica. “Uno no lee: «Borges opinaba que…». Lo oye decirlo, oye la réplica de Bioy, la interrupción de Silvina, alguien entra, alguien se va, traen la comida. Hay escenas que casi podrían representarse”. Pero inmediatamente agrega: “No tenemos una grabación: tenemos literatura”.

María Kodama y los materiales que quedaron afuera

Uno de los aspectos más relevantes de la ampliación tiene que ver con María Kodama. La edición de 2006 había dejado fuera determinados pasajes vinculados con ella, en un contexto marcado por sus disputas legales y por las circunstancias de la época.

Para Martino, aquellas exclusiones ya no tienen la misma justificación dos décadas después. “Una cosa puede ser documentalmente interesante y, al mismo tiempo, no ser imprescindible en determinado momento. Veinte o treinta años después las condiciones son otras”, sostiene.

Y agrega: “Por eso me pareció artificial y ajeno a la voluntad de Bioy mantener ciertas exclusiones. Si se presenta esta edición como revisada y ampliada, no tendría sentido perpetuar silencios cuya razón circunstancial ya desapareció”.

Martino, de todos modos, establece una distancia entre el retrato de Kodama que surge de las páginas de Bioy y cualquier interpretación definitiva sobre ella.

“El retrato de Kodama es el de Bioy; no lo tomaría por un juicio definitivo sobre ella”, afirma. Y advierte que el propio Bioy “como cualquier memorialista, interpreta, se equivoca y acierta, se irrita, se divierte”.

En esa misma línea, rechaza reducir los últimos años de Borges a una explicación sencilla sobre su relación con Kodama. “¿María lo hizo feliz? Me resisto a reducir los últimos años de una vida tan compleja a un veredicto sobre su felicidad. Hay momentos de felicidad, atención, compañía; también los hay muy distintos. Bioy cuenta lo que ve y el interés está en esas oscilaciones”.

De 2006 a la era de las redes

La primera edición, publicada por Destino en 2006, se agotó rápidamente y nunca tuvo versión electrónica. Con el tiempo, los ejemplares usados llegaron a alcanzar precios muy elevados. En 2011 apareció una versión abreviada y ahora Emecé recupera el proyecto en dos tomos, con nuevos materiales y un amplio sistema de referencias.

La recepción de esta nueva edición ya comenzó antes incluso de que los libros llegaran a manos de los lectores. Un video de la apertura del estuche alcanzó 400 mil reproducciones en apenas una semana.

Martino reconoce que la circulación digital modifica radicalmente las dimensiones de la repercusión. “Ahora, con las redes, una escena, una frase o una fotografía circulan por países que nunca tuvieron una edición local. Me resulta bastante desconcertante”, cuenta.

Sin embargo, mantiene una reserva sobre lo que esas cifras significan para la experiencia literaria. “Si bien eso cambia la repercusión, no estoy tan seguro de que cambie la lectura. Para eso habrá que esperar a que tengan los dos tomos en casa”.

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