Pero no es la única devuelta. Discreta y paulatinamente, las autoridades cubanas iniciaron la restitución, a sus antiguos propietarios, de templos, casas parroquiales, terrenos y edificaciones que fueron tomados por el Gobierno al triunfo de la revolución.
Un recuento de las propiedades devueltas indica que se trata de más de una docena, en un proceso de devolución que la Iglesia anhelaba y que inició a finales de 2009.
“Es un gesto de parte de las autoridades muy positivo. De alguna manera, restituir lo que pertenece a la Iglesia y, sobre todo, en el ámbito local donde esto ocurre crea un ambiente de confianza”, dijo el padre José Félix Pérez, secretario adjunto de la Conferencia de obispos católicos de Cuba. “Está ocurriendo, hay que señalarlo, gradualmente”.
Además de la capilla de la universidad, devuelta a finales de 2009, el proceso incluye algunas propiedades valiosas a lo largo y ancho del país, dijo un miembro de la Iglesia que estuvo al tanto del proceso y que prefirió no revelar su identidad para poder hablar sobre un tema sensible.
Según este miembro de la iglesia, la devolución de sus propiedades salió a relucir de manera franca en las conversaciones que adelantaron el cardenal cubano Jaime Ortega y el presidente Raúl Castro, cuando la institución religiosa medió en julio de 2010 para que Cuba liberara a un grupo de presos disidentes con apoyo del gobierno español.
“Hay dos factores en las devoluciones. Uno económico, pues el gobierno cubano no tiene recursos para atender esta infraestructura que está en proceso de deterioro”, dijo Enrique López Oliva, profesor de historia de las religiones de la Universidad de La Habana.
“Otro de carácter religioso y político como dar una imagen de que la relación con las iglesias mejora, que es parte de este momento histórico nuevo en que se trata de reconstruir el país”.
Las propiedades, que recibieron poco mantenimiento estatal, muestra un fuerte grado de deterioro pues a lo largo de los años se los usó como almacenes, panaderías, comedores obreros o escuelas.
Entre las edificaciones restituidas se encuentran dos templos en Santiago de Cuba, (San José Obrero y San Benito), una casa parroquial y algunas edificaciones que ocupaban algunas tiendas en esa provincia del oriente del país.
Además varios templos, que estaban al interior de algunos ingenios azucareros. Una de las propiedades más espectaculares ya restituidas fue la del antiguo Colegio de los Padres Jesuitas, un edificio de más de una manzana en la ciudad de Cienfuegos, a 250 kilómetros al sureste de la capital.
También, las autoridades cubanas, por primera vez, autorizaron la construcción de dos templos católicos: uno, al oriente de la isla y otro, en Sandino, al occidente, que se espera que sea construido con dinero proveniente de católicos de Estados Unidos.
Las relaciones entre el Estado cubano y la Iglesia Católica evolucionaron de un enfrentamiento abierto en la década de los 60, cuando la revolución socialista estatizó muchas de sus propiedades, algunos sacerdotes fueron enviados a realizar trabajos en el campo y en los templos se guardaron armas de grupos anticastristas, a una mejora radical que comenzó en la década de los 90, con un acercamiento del entonces presidente Fidel Castro y las denominaciones religiosas en general.
Los tiempos de tensión parecen lejanos y las buenas relaciones llegaron al punto de que el papa Francisco y El Vaticano fueron actores principales en la mediación que permitió la semana pasada un restablecimiento del diálogo entre La Habana y Washington, la liberación del contratista estadounidense Alan Gross, preso en la isla por intentar colocar una red de telecomunicaciones ilegal al servicio del Departamento de Estado, y la liberación de tres agentes cubanos condenados en el vecino país.
En estos años Cuba incluso recibió la visita de dos pontífices: Juan Pablo II en 1998 y Benedicto XVI en 2012.
“Me parece muy buena esta política de Estado de devolver algunas propiedades. Muchas de ellas serán para uso religioso pero también otras para uso social y forman parte de las transformaciones que están ocurriendo en el país”, dijo el reverendo Joel Dopico, presidente del Consejo de Iglesias de Cuba, una organización que nuclea a las entidades evangélicas y otras denominaciones menos la Católica.
Dopico indicó que algunas iglesias evangélicas y protestantes, en menor medida que la católica, también habían recibido devoluciones de propiedades recientemente.
Mientras, la jerarquía católica no dejó de demandar un mayor acceso a la educación o a los medios de comunicación pese al ambiente más distendido que existe entre el Estado cubano y la Iglesia Católica, poderosa en el mundo, pero cuya feligresía en Cuba es minoritaria pues la mayoría de la población sigue las religiones de origen afrocaribeño,
“La Iglesia pone énfasis en la reconciliación entre todos los cubanos y también entre Cuba y Estados Unidos”, dijo López Oliva.
Pedido por la libertad de prensa en la isla
La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) reclamó que el respeto por las libertades de expresión y de prensa en Cuba, ocupen un espacio primordial en las conversaciones entre los gobiernos de Raúl Castro y Barack Obama, tras el anuncio de la normalización de relaciones diplomáticas después de 53 años.
El presidente de la SIP, Gustavo Mohme, indicó que “este buen gesto entre ambos gobiernos, conlleva la gran oportunidad de que se pueda exigir a Cuba que respete los derechos humanos, las libertades de expresión y de prensa, libere a los periodistas independientes encarcelados y cumpla con lo que se estipula sobre estos asuntos en los tratados internacionales”.
Mohme advirtió que “el inicio de las nuevas relaciones no puede quedarse en un acuerdo político sólo con el intercambio de espías, sino involucrar todos los derechos humanos, por lo que se hace necesario la liberación de los periodistas y toda persona presa por su forma de pensar".
El gobierno castrista mantiene encarcelados a tres periodistas: Yoennis de Jesús Guerra García, Ángel Santiesteban-Prats y José Antonio Torres.
Juliet Michelena Díaz, arrestada el 7 de abril, fue liberada el 14 de noviembre pasado. “Cualquier intento de diálogo estará destinado al fracaso si no hay voluntad para garantizar las libertades individuales y sociales, ni transparencia ni respeto por la labor periodística y el derecho del público a la información”.