Bajo una fuerte presión, Irán y las grandes potencias concluyen esta semana en Viena una complicada negociación que podría fructificar en un acuerdo histórico sobre el programa nuclear iraní y una normalización de las relaciones con Occidente.
Bajo una fuerte presión, Irán y las grandes potencias concluyen esta semana en Viena una complicada negociación que podría fructificar en un acuerdo histórico sobre el programa nuclear iraní y una normalización de las relaciones con Occidente.
Después de un año de intensas negociaciones ha llegado el momento de la verdad. Los diplomáticos, que se reunirán mañana, tienen hasta el 24 de noviembre, ni un día más, para acercar posiciones.
La cuestión viene de lejos. Desde 2002, el grupo 5+1 (Estados Unidos, China, Rusia, Francia, Reino Unido y Alemania) sospechan que la República Islámica quiere dotarse de la bomba atómica, pretextando un programa nuclear civil. El régimen de Teherán lo ha desmentido con firmeza en todo momento.
Desde entonces, la tensión llevó incluso a amenazas de guerra y al miedo a una confrontación con Israel, única potencia nuclear (oficiosa) de Oriente Medio, y con los países árabes del Golfo.
Occidente impuso además numerosas sanciones a Irán por el enriquecimiento de uranio, un material susceptible de ser empleado en la fabricación de la bomba atómica.