Tras su discurso ante el Parlamento Europeo, el Papa habló de la paz y sus peligros, y de las tentaciones de guerra en el continente. Ante la asamblea del Consejo de Europa, un organismo integrado por 47 países, Francisco denunció “el terrorismo religioso e internacional alimentado por un tráfico de armas poco controlado, que elimina en modo indiscriminado víctimas inocentes”.
En su segundo discurso, Francisco mostró toda su preocupación por la crisis europea. “Tenemos ante nuestros ojos la imagen de una Europa herida por tantas pruebas del pasado y también por la crisis actual”.
El Consejo fue fundado en 1949 con el Tratado de Londres para promover la paz y la colaboración entre las naciones del viejo continente, entonces devastado por la Segunda Guerra Mundial. Entre las 47 naciones que lo integran están Rusia y Ucrania, que se enfrentan en un ensayo bélico peligroso y que alarma a la región. Francisco pidió a ese propósito “un diálogo transversal en todos los campos”.
Francisco explicitó que “la Iglesia considera la carrera a los armamentos como una de las plagas más graves de la humanidad, que daña en forma intolerable a los pobres”. La paz, agregó, “es violada también por el tráfico de seres humanos que es la esclavitud de nuestro tiempo y que transforma las personas en mercaderías de intercambio, privando a las víctimas de toda dignidad”.
Francisco afirmó que “en el mundo político actual de Europa es estéril el diálogo solamente interno de los organismos políticos, religiosos y culturales. La historia requiere hoy la capacidad de salir al encuentro de las estructuras que contienen la propia identidad para hacerla más fuerte y fecunda. Es necesario un espíritu juvenil que acepte el desafío de la transversalidad”.