Conocé la historia del recolector de residuos que fundó una escuelita de fútbol modelo

Conocé la historia del recolector de residuos que fundó una escuelita de fútbol modelo
Conocé la historia del recolector de residuos que fundó una escuelita de fútbol modelo

Diego Medina levanta basura durante 8 horas y luego se calza el traje de DT en la escuelita de fútbol "El Ciclón de El Bermejo".

"Roen como ratas. Son parte de un mismo clan. Pueblos pobres dominados por timba, frula y religión. Mi esquina ha sido una gran escuela. Ahora es sólo perdición. No hay lunas plateando barrios, no hay finales bajo un farol. Marginados":

Letra de la canción Marginados de La 25.

El despertador suena temprano. Todos los días el mismo timbre. Las agujas del reloj marcan las 5 de la mañana. Diego, un joven de 28 años, padre de familia y fanático del fútbol, se levanta, pone el agua para unos mates y 45' después deja su hogar tras despedirse con un beso de su esposa Julieta e hija Pía. Su princesa. "Un milagro que Dios me dio", explica. Diego Medina, arranca su jornada laboral a las 6 en la calle Bandera Los Andes, pasando Tirasso, en Guaymallén. El ex jugador de Boca de El Bermejo trabaja para la Empresa Santa Elena. Es recolector de residuos. Tras saludarse con sus compañeros, se sube al camión y sale a recorrer las calles del departamento. "Es un trabajo sacrificado, pero lo importante es que lo tengo, estoy cómodo y soy un agradecido. Por esta razón siempre vengo con muchas ganas", nos cuenta el profe Diego. Arranca el camión y a levantar basura hasta las 14.


Acá están, estos son, los jugadores del Ciclón. Los chicos en una imagen que será eterna | Gentileza
Acá están, estos son, los jugadores del Ciclón. Los chicos en una imagen que será eterna | Gentileza

Medina vive en el Barrio Cooperativa Mi casa de El Bermejo. Por su esfuerzo, educación, constancia y vocación de servicio, es muy conocido, respetado y valorado en la zona. Es que hace tres años, el 13 de setiembre de 2016, junto a su esposa, creo una Escuelita de fútbol en un baldío. "Siempre me gustó el fútbol y la docencia. Llegué a jugar unos cuantos partidos en la primera de Boca, pero después me dediqué a laburar. Tenía una cuenta pendiente y era que siempre me gustó enseñar. Tengo una devoción especial por los niños. Por esta razón, un día, le dije a mi mujer: 'Gorda, ayúdame. Con dos sapas y un rastrillo, limpiamos un baldío del barrio e hice una canchita de fútbol. Inmediatamente, hicimos carteles a mano y los pegamos en las esquinas y negocios. Y en el primer día de entrenamiento, tuvimos más de 30 niños. Tenía una sola pelota. Pero ese día fui feliz y dije 'es mi sueño. Esto quiero hacer'. Por esta razón, desde hace ese momento tengo mi escuelita de fútbol que al tiempo la llamé El Ciclón", explicó.

-¿Por qué el Ciclón?

-Porque soy fanático de San Lorenzo. Adoptamos hasta los mismos colores. Al año de tener la escuelita, un primo me hizo el escudo. Quedó fantástico y a los chicos les encantó.

-Ocho horas arriba del camión, recorrés más de 100 km por día, llegás a tu casa, una siesta y a la canchita..

-Sí, es un sacrificio enorme. Cuesta mucho. Pero lo hago con amor. Es lo que siento y era mi sueño tener una escuela de fútbol. Ahora, la tengo. ¿Por qué sigo? Porque soy feliz. Cada niño que pisa la canchita, es una latido muy fuerte en mi corazón. Es un gol. La misma sensación.

-¿Arrancaste con 30 y ahora tenés 90 ¿Es difícil mantener una estructura con esa cantidad de chicos?

-Complicado. Pero hay padres que ayudan y mucho. Ahora, hay un profe que se llama Jesús Villegas. Y un papá: “El Tacho”. Un fuera de serie. Nosotros cobramos una cuota de 250 pesos. Sabés cuanto me pegaron el mes pasado, sólo 13 chicos. Y tres eran nuevos. El pago no es excluyente. Nunca se fue un chico por no poder colaborar con la cuota.


”Miguel Herrera. Fiel reflejo de quien ama un fútbol | Gentileza
”Miguel Herrera. Fiel reflejo de quien ama un fútbol | Gentileza

-La mayoría de los chicos atraviesan una situación socioeconómica difícil ¿la escuelita sirve de contención?

-El proyecto nace como un sueño, pero lo principal era sacar adelante a los chicos en situación de calle. No quería un baldío con niños y adolescentes con bebidas o consumiendo porquerías. Quería niños con valores, respeto, compromiso, deportistas y lo fuimos logrando. Esa un lucha de todos los días, pero se puede. Cuando hay pasión, compromiso, actitud y entrega, los objetivos se cumplen. Y sabés cuando lo disfrutamos más, cuando vienen clubes como el CEC, Murialdo, Guaymallén y nos piden un jugador para sus inferiores. Hoy tenemos un chico 2003 jugando en la Lepra. Es decir, conquistamos nuestro campeonato. Un chico menos en la calle y uno adentro de un club.

-¿Cómo actuás cuándo te das cuenta que un chico no desayunó u almorzó y tiene hambre en plena práctica?

-Duelen situaciones de esa índole. Ha pasado y pasa seguido. Desde que hacemos encuentros deportivos, implementamos el kiosquito. Con lo que recaudamos, traemos un refrigerio o una merienda para los chicos. Muchos se acercan para tener una taza de leche. Es una realidad que duele, pero existe.

-Del baldío repleto de piedras a una plaza que es un lujo, con juegos infantiles y un piso de pasto sintético ¿cómo lograron la construcción de este centro deportivo?

-Un día estaba pintando el frente de mi casa. Me quedé sin pintura y fui hasta la ferretería. Entro y me encuentro al señor intendente Marcelino Iglesias. Lo saludé respetuosamente y le comenté en 30 segundos el trabajo de mi escuelita. De inmediato, tomó nota y me puso en contacto con el Director de Deportes de Guaymallén: Cristian Arias. A partir de ese momento, todo cambió. Nos brindaron un apoyo impresionante. Construyeron la plaza, la cancha y pusieron juegos infantiles. Realmente es increíble el cambio que se produjo. Todos los niños, padres y profes estamos muy agradecidos

-Cada niño te considera un segundo papá. Te cuentan problemas, sueños y hasta te muestran la libreta de calificaciones de la escuela

-Ese es todo un tema (risas). Alumno que no responde en el colegio, no juega el fin de semana. Hemos tenido reuniones con los padres: no queremos la quita del deporte como penitencia. Duele y mucho quedar afuera del equipo. Por ello todos traen buenas notas en general.


Baldio transformado en un espacio de recreación para los chicos. | Gentileza
Baldio transformado en un espacio de recreación para los chicos. | Gentileza

-Tenés un jugador que se convirtió en emblema. El "Oveja". Contame su historia…

-Llegó a la escuelita un alumno que estaba en un club de la zona y sus compañeros lo habían tratado de patadura. Además, por su condición física, había recibido cargadas. Cuando se arrimó al El Ciclón era tímido. No le conocíamos la voz. Un día, en una práctica, no recordaba el nombre y como tenía la cabeza llena de rulos le tiré “Oveja”. Se me acercó y me dijo, profe, nos soy oveja. Yo me llamo Samuel. Semanas después, me lo cruzo en el barrio, lo abrazo y le pregunto, ¿cómo estás Samuel? Y me contesta, profe, no soy Samuel. A mi me dicen “Oveja”. Y quedó “Oveja” nomás. Un personaje.

-¿Qué sentís cuando los chicos representan al Ciclón en distintos torneos?

-Más allá de la satisfacción personal, estoy feliz. Los chicos tienen un sentido de pertenencia único. Tienen valores, respeto. Son solidarios. Defienden una camiseta y trabajan en equipo. Y a través del deporte ingresan a una sociedad que muchas veces, por distintas circunstancias, los margina.

Y ahí está Diego. El hombre que por amor al fútbol y a los niños, cambió la vida de cientos de familias. Hoy, 90 chicos defienden los colores de El Ciclón. Noventa familias atrás y alentando al equipo. El sueño se convirtió en realidad. Y como dice el grupo de rock, La 25: "Desde lejos te veré llegar. Levantándose mi gente…

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