21 de noviembre de 2013 - 22:40

El río como eje

El Támesis resulta el ondulante eje para captar la ciudad. Entre sus puentes los edificios ícono. Westminster -el palacio del Parlamento- es uno de ellos que con su archiconocida torre del reloj, el Big Ben, forman la imagen londinense recurrente.

La campana de 14 toneladas sigue sonando cuando las agujas de 4 metros señalan cada cuarto de hora. Detrás se encuentra la abadía de Westminster gótica ella, atesora en su interior sepulcros de los monarcas, de artistas, científicos y poetas.

Ese fue el sitio ofrecido a la familia Spencer para depositar los restos de Diana sin embargo la llevaron al panteón familiar, lejos de la reina, como señalan las malas lenguas. Al cruzar el puente (Westminster) el County Hall donde está el London Aquarium y el London Eye cuyo perímetro se visualiza claramente desde varios puntos urbanos. La vuelta al mundo cuenta con 32 cabinas para 25 pasajeros cada una y en 28 minutos totaliza el giro, posibilitando excelentes panorámicas del río y su espectacular entorno.

Camino hacia el siguiente puente, el del ferrocarril, el Royal Festival Hall donde funciona el Teatro Nacional y el South Bank Center y del otro lado Charing Cross una de las principales estaciones de trenes.

Tras pasar el Blackfriars Bridge se ve el Shakespeare's Globe Theatre que fue reconstruido hace 26 años tal como era cuando se inauguró en 1599 y donde la compañía del dramaturgo estrenó Hamlet. A poco en la antigua central eléctrica frente al cruce del Milenio, el descomunal Tate Modern con los exponentes candentes del arte moderno, este año entre grandes obras de reparación, culmina las exposiciones con Paul Klee.

Un salto hacia el siguiente puente lleva al de la Torre de Londres. De casi mil años, fue fortaleza, palacio real, cárcel, de hecho allí se ejecutaron a varias personas entre ellas a Ana Bolena, la esposa que le resultaba incómoda a Enrique VIII. La edificación fortificada puede recorrerse mientras se desmigaja su historia entre muros y el foso del que fuera puente elevadizo, que ha visto pasar gran parte de los acontecimientos del país como a numerosos traidores hacia su puerta.

La torre Blanca es su gran tesoro y en ella la colección de la armería real, la más famosa sin embargo el la Sangrienta, habitada por cuervos a los que se les cortaron las alas para que no escapen pues dicen que cuando estos se vayan, el reino caerá.

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