China se ofrece como alternativa para la región

Dos datos claves y paradójicos de la actual política internacional son que Estados Unidos irrumpe como protagonista central en el mundo no occidental, mientras que China, a su vez, busca ocupar su espacio en América Latina.

La pugna entre China y Estados Unidos se hizo presente en el encuentro entre el gobierno chino y la Celac que tuvo lugar en Beijing. Previamente, el acto organizado por Rusia por el aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial mostró el alineamiento específico de Cuba, Venezuela y Nicaragua con Moscú. Estos tres países enfrentan un aislamiento muy marcado en la región y también en el plano internacional. El comercio con Rusia y China es lo que da viabilidad a estos gobiernos. Parte de este intercambio se realiza en forma ilegal, vulnerando las sanciones internacionales contra estos países por sus prácticas dictatoriales. Ello ha llevado a la administración Trump a condenar y cuestionar a los países que negocian con ellos. En forma coincidente, China aprovechó para impulsar el comercio a nivel global, en momentos en que todavía no asomaba la tregua alcanzada horas después con Trump.

Se realizó en la capital china un foro de “alto nivel” en el ámbito de la relación de la potencia asiática con la Celac, que reúne a los países de América Latina y el Caribe. El presidente de Colombia, Gustavo Petro, compartió con Lula el liderazgo de hecho en este encuentro. El viceministro de Relaciones Exteriores chino, Miao Deyu, en una afirmación que resonó como réplica a la tradicional “Doctrina Monroe” de Estados Unidos, dijo que “estamos dispuestos a trabajar conjuntamente para oponernos al unilateralismo y la intimidación económica”. Por su parte, Lula fue contundente al cuestionar cualquier intento de dominación extranjera sobre América Latina, diciendo: “Durante mucho tiempo se pensó que Brasil era el patio trasero de Estados Unidos, pero Brasil no es el patio trasero de nadie. Es un país libre y soberano con intereses propios”.

En cuanto a los acuerdos concretos, los más relevantes fueron los firmados entre China, Brasil y Colombia, las dos economías más grandes de América del Sur. Lula anunció una inversión de mil millones de dólares por parte de la empresa china Envision Energy para desarrollar combustibles de aleación sostenible (SAF) a partir de cañas de azúcar. También firmaron acuerdos con la compañía Wendei Technology para crear centros de investigación conjunta en energías renovables, almacenamiento de energía y tecnologías limpias. Por su parte, el ministro de Minas y Energías de Brasil, Alexandre Silveira, informó que se negocian nuevos acuerdos con empresas chinas, entre ellos un centro de datos de la firma Byte Dance -propiedad de Tik Tok-, que se instalará en el puerto de Pecém en el estado de Ceará, con una inversión estimada de diez mil millones de dólares. Por su parte, el presidente colombiano anunció que su país sí se sumará a la iniciativa de la Franja y la Ruta. Elogiosamente, Petro dijo que “se trata de una apuesta por el desarrollo industrial, por la apropiación de nuevas tecnologías como la inteligencia artificial, por la infraestructura y la diversificación del comercio”. China ya ha firmado acuerdos de cooperación con dos tercios de los países latinoamericanos en el marco del proyecto de la Franja y la Ruta y en 2024 el comercio bilateral entre Beijing y la región alcanzó los quinientos diecinueve mil millones de dólares. América Latina exporta fundamentalmente materias primas e importa de China diversos productos manufacturados.

China está desarrollando una estrategia de largo plazo para alcanzar coincidencias políticas, económicas y estratégicas con América Latina. Por eso plantea una interpretación histórica que toma como eje la ruta marítima de la seda que sirvió de puente, a través del Océano Pacífico, para unir a las dos civilizaciones, la china y la latinoamericana. De acuerdo a Wang Wei, embajador chino en Argentina, ésta va “de la Gran Muralla China al Machu Picchu, de las pirámides de Chichén Itzá a las cuevas del Mogao” y destacó que “las semillas de amistad entre ambas regiones echaron raíces y florecieron gracias a un denodado trabajo conjunto, que en todo momento fue iluminado por el espíritu del destino compartido de la humanidad”.

Pero en realidad, el proyecto de la Ruta ha enfrentado limitaciones en la región. Brasil nunca se sumó al mismo formalmente, quizás para no renunciar a la independencia a la cual siempre alude. Pero el gran puerto de Chancay construido por China en Perú se ha transformado en un puente de comunicación Atlántico-Pacífico que va a generar un centro de atracción clave para las exportaciones de América del Sur hacia China.

Mientras tanto, China se ha enfocado también en el campo diplomático. Fruto del enfrentamiento entre China y Estados Unidos durante las décadas del cincuenta y sesenta, Taiwán fue reconocido como la China oficial por varios países de la región. Beijing ha conseguido ahora que Panamá, República Dominicana, El Salvador, Nicaragua y Honduras abandonen esta posición. De esta forma, Paraguay queda como el único país de América del Sur que la mantiene.

En definitiva, Estados Unidos irrumpe como protagonista central en el mundo no occidental, mientras que China, a su vez, busca ocupar su espacio en América Latina.

* El autor es director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría.

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