25 de abril de 2026 - 10:35

Descubrimiento a 18 años luz tiene cuatro veces la masa de la Tierra y podría ser habitable

El planeta completa una órbita cada 53,6 días y tiene cuatro veces la masa de la Tierra; su habitabilidad depende de una atmósfera diez veces más densa que la nuestra.

Un equipo internacional dió con el descubrimiento de GJ 251c, un planeta rocoso situado a solo 18 años luz de distancia. Aunque se encuentra en la zona habitable de su estrella, los científicos advierten que estar en esa región no garantiza condiciones para la vida, ya que todo depende de su composición atmosférica.

En términos astronómicos, este mundo se encuentra en nuestro vecindario inmediato. Su existencia se confirmó tras analizar décadas de datos de diversos observatorios, detectando un bamboleo minúsculo en su estrella provocado por el tirón gravitatorio del planeta. Se trata de una supertierra con cuatro veces la masa de nuestro mundo que orbita una enana roja cada 53,6 días.

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El papel del dióxido de carbono y los modelos climáticos

Los investigadores utilizaron simulaciones climáticas tridimensionales para proyectar cómo sería la superficie de GJ 251c. Si tuviera una atmósfera idéntica a la terrestre, el planeta sería un desierto congelado con temperaturas de -100 °C y océanos sellados bajo el hielo. Esto sucede porque su estrella emite apenas el uno por ciento de la energía del Sol.

Sin embargo, el escenario cambia radicalmente si la presión de dióxido de carbono es diez veces superior a la de la Tierra. Bajo esas condiciones, los modelos muestran un planeta cálido con océanos abiertos y temperaturas de 320 kelvin, compatibles con la vida. Por el contrario, una atmósfera rica en hidrógeno lo convertiría en un infierno de 500 kelvin, similar a un mini-Neptuno.

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Paradoja con el calentamiento global

GJ 251c es actualmente el mejor candidato del hemisferio norte para ser fotografiado directamente por la próxima generación de telescopios gigantes. La distancia angular respecto a su estrella permitirá a los astrónomos aislar su luz para buscar señales de vapor de agua o gases que delaten su clima real. Es un laboratorio natural para poner a prueba nuestra tecnología de observación.

Existe una paradoja en este estudio, ya que los científicos emplearon los mismos modelos que miden el calentamiento global terrestre. Mientras que en la Tierra el aumento del CO pone en riesgo los sistemas biológicos, en GJ 251c ese mismo gas podría ser el factor que permita la existencia de océanos líquidos. La lección que deja este hallazgo es que la franja de habitabilidad es extremadamente estrecha y frágil.

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