1 de agosto de 2026 - 00:15

Bosques de chacay: cartografía de detalle y su conservación

Desde el grupo Ecología y Bosque del Ianigla Conicet estudiamos la distribución, germinación de semillas y estado de conservación de los bosques en galería de la vertiente oriental de los Andes de Mendoza, San Juan y Neuquén, con el objetivo de mapear estos bosques ocultos de la cordillera.

Ianigla - Conicet

En la vertiente oriental de los Andes de Mendoza, San Juan y Neuquén, en las cordilleras Principal y Frontal, hay bosques en galería que crecen en bordes de ríos y arroyos. Su nombre se debe a que presentan una forma lineal y en algunos casos cubren el cauce. Son difíciles de encontrar, ya que crecen en quebradas profundas, aislados y ocultos. Hasta hace poco, solo teníamos referencias puntuales y no sabíamos bien dónde estaban ni en qué estado se encontraban este tipo de bosques.

El chacay es un árbol de características sorprendentes, de porte mediano, alcanza hasta cinco metros de altura, y es típico de la transición entre ambientes áridos y húmedos. Vive en los suelos poco desarrollados de las terrazas aluviales, soporta heladas y aludes, y tiene la capacidad de fijar nitrógeno atmosférico gracias a unas bacterias que viven en sus raíces. Eso significa que enriquece el suelo donde crece. Además, sus raíces profundas sujetan la tierra y evitan la erosión en los valles fluviales de montaña. Por lo tanto, primero estudiamos la producción de plantines, probando diferentes ensayos de germinación de sus semillas (ver artículo), y llegamos a la conclusión de que es necesario lijar (escarificar) su testa para la emergencia de la plántula. En la naturaleza, este proceso se produce cuando las semillas caen al agua y son arrastradas por la corriente, hasta encontrar un lugar óptimo para establecerse.

Importancia de estos bosques

En zonas áridas como Mendoza, los bosques de galería (los que crecen al borde del agua) son infraestructura natural. Regulan el caudal de los ríos, retienen sedimentos y almacenan carbono. Su degradación y perdida implica crecidas más abruptas y erosión. Por eso es clave conocer su ubicación para evaluar su estado y, consecuentemente, proteger las cuencas.

Laguna. Una vega de altura en la quebrada del río Tupungato. Estos humedales almacenan agua, retienen carbono y son "oasis" de biodiversidad en las alturas de los Andes.

Laguna. Una vega de altura en la quebrada del río Tupungato. Estos humedales almacenan agua, retienen carbono y son "oasis" de biodiversidad en las alturas de los Andes.

Como punto de partida para la búsqueda de estos bosques, modelamos la distribución potencial de la especie con un software especial (MaxEnt). Esto significa donde podría estar en función de las condiciones ambientales. Esto fue posible debido a la recopilación de 410 registros de presencia de la especie provenientes de herbarios, publicaciones científicas y salidas de campo y su relación con variables climáticas, físicas e hidrológicas (ver artículo). Entonces, aprendimos que las condiciones óptimas se concentran en los valles de los ríos Diamante y Atuel, en el piso climático comprendido entre los 1.430 y 1.850 metros de altura.

El chacay es un árbol de características sorprendentes, de porte mediano, alcanza hasta cinco metros de altura, y es típico de la transición entre ambientes áridos y húmedos. Vive en los suelos poco desarrollados de las terrazas aluviales, soporta heladas y aludes, y tiene la capacidad de fijar nitrógeno atmosférico.

Este trabajo sirvió como insumo para la actualización del Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos (OTBN) de Mendoza en 2023, y nos permitió realizar cartografía de detalle para incluir a estos bosques en el mapa de bosques de Mendoza. También colaboramos con este proceso con San Juan. Actualmente estamos ajustando el estudio de su distribución, pero ya tenemos datos concretos: los bosques de chacay ocupan unas 3.900 hectáreas en esta porción de los Andes. Su estructura se ajusta la definición de bosque nativo del Consejo Federal de Medio Ambiente (Cofema): más de 3 metros de altura y 20% de cobertura de copa. En consecuencia, cumplen con los requisitos legales para ser protegidos. Los mejores parches están en la zona central mientras que en las cuencas de los ríos Mendoza y Tunuyán el bosque está reducido y compite con especies invasoras como la rosa mosqueta.

Su vínculo con otros ecosistemas

Una de las claves para la persistencia del chacay (que se ubica en los tramos intermedios de las cuencas) está en su relación ecológica con las vegas, las cuales se desarrollan aguas arriba, en los sectores altos. Las vegas son humedales de altura, pastizales inundados con suelos orgánicos en descomposición, que almacenan agua y carbono. Posiblemente, sean fuente de las bacterias que se alojan en las raíces del chacay, que prosperan en suelos húmedos y anaeróbicos.

Entre rocas. Parche de bosque de chacay en la cuenca del río Grande, arroyo El Gancho, Malargüe.

Entre rocas. Parche de bosque de chacay en la cuenca del río Grande, arroyo El Gancho, Malargüe.

Recientemente, venimos realizando experiencias de restauración de estos ecosistemas de altura en la quebrada del rio Tupungato (ver artículo) y en el Parque Provincial Aconcagua, con permiso de investigación aprobado por la Dirección de Áreas Protegidas de Mendoza. La técnica que utilizamos es simple y efectiva: se construyen pequeñas represas de piedra (como las que usaban los pueblos originarios) para desviar el agua hacia zonas secas y aumentar la humedad el suelo. Luego, la vegetación se recupera naturalmente. En estos proyectos trabajan guardaparques, técnicos, estudiantes de la Tecnicatura en Conservación de la Naturaleza y voluntarios. La colaboración es clave.

Soluciones basadas en la naturaleza

Todo lo que sabemos sobre los bosques de chacay y las vegas nos permite diseñar estrategias concretas para enfrentar el cambio climático. Estos ecosistemas absorben el agua de deshielo, la retienen y la liberan lentamente durante todo el año. Restaurarlos y conservarlos es una inversión inteligente para la integridad de las cuencas. Controlan las crecidas repentinas, evitan la erosión de los suelos y garantizan un suministro de agua más estable en épocas de sequía o de retroceso de glaciares. En lugar de grandes obras de ingeniería, muchas veces la mejor solución está en utilizar el diseño de la naturaleza. Por eso, nuestro trabajo apunta a poner la ciencia al servicio de la gestión del agua y la protección del territorio, promoviendo acciones que mitiguen los efectos de la crisis hídrica y fortalezcan la resiliencia de los ecosistemas y las comunidades.

(*) Leandro Álvarez es profesional adjunto del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianigla–Conicet).

Producción y edición: Miguel Títiro - [email protected]

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