"Si lo quiere, la Iglesia puede salvar a Chipre", asegura Panos, un endomingado feligrés a la salida de una misa dominical en Nicosia, aludiendo al importante patrimonio que tiene la Iglesia ortodoxa en Chipre.
"Si lo quiere, la Iglesia puede salvar a Chipre", asegura Panos, un endomingado feligrés a la salida de una misa dominical en Nicosia, aludiendo al importante patrimonio que tiene la Iglesia ortodoxa en Chipre.
Su jefe, Crisostomos II, anunció el miércoles que iba a poner "la totalidad del patrimonio de la iglesia a disposición del país para impedir que se hunda".
Estos bienes podrían ser hipotecados para ayudar al gobierno a encontrar los 5.800 millones de euros que los acreedores internacionales le exigen ponga sobre la mesa, a cambio de un préstamo de 10.000 millones destinado a evitarle la quiebra a la isla.
"Nos encomendamos a Dios, y a nadie más. Todos estamos afectados, pero por nuestro país daremos lo que podamos", dijo Elpiniki Loizou, frente a la iglesia de San Mamas, en la periferia de Nicosia.
"No esperamos que Dios nos salve de esto, pero la Iglesia puede ayudarnos contribuyendo financieramente y haciendo lobby ante otras instituciones religiosas" afirmó Georges Nicolaides, otro parroquiano.
"Ya es hora de que la Iglesia vuelva a dar poco a poco todos sus bienes al pueblo", afirma, y recuerda que si ahora es rica fue porque bajo los otomanos era ella la encargada en recolectar los impuestos.
Al ofrecer los bienes de la Iglesia, el arzobispo Crisóstomos estimó su valor en varias decenas de millones de euros, aunque sin más precisiones.
A mediados de marzo, había aludido ante la prensa a un patrimonio de unos 250 millones de euros, aunque es difícil evaluar la riqueza real de la Iglesia, que podría ser superior.
La Iglesia ortodoxa chipriota es el más importante propietario inmobiliario de la isla. Posee hoteles e importantes participaciones en sociedades chipriotas de primer plano, como el banco Hellenic Bank, del que posee 30% del capital, o la marca de cerveza nacional Keo (20%).
En setiembre, debido a la crisis, debió reducir de 15 a 25% los salarios de los obispos, sacerdotes y trabajadores laicos, aunque sin afectar a quienes ganaran menos de 1.500 euros por mes.
"El arzobispo es ante todo un hombre de negocios", se lamenta un fiel, Costas Michail, que lo acusa de "trabajar en su interés personal o el de la Iglesia, pero no para el pueblo".
Crisostomos ha defendido a menudo a los bancos, ante las críticas de las autoridades chipriotas o de los suministradores internacionales de fondos.
La Iglesia de Chipre mantiene estrechas relaciones con la Iglesia ortodoxa rusa.
Su arzobispo, históricamente jefe de fila político de la comunidad greco-chipriota durante los tres siglos de dominio otomano, conserva un importante rol político.
Es en efecto consultado ante las grandes decisiones y el miércoles, en plena crisis, Crisóstomos fue recibido por el presidente Nicos Anastasiadis, que le pidió facilitar negociaciones con Rusia, para que este país concediera los fondos requeridos por Chipre.
Crisóstomos es un nacionalista que, en entrevista al diario Realnews en Atenas, dijo que la solución a la crisis pasaba por una salida de la zona euro.